Diario del zalapastrán 102

DÍA DE LA SALUD MENTAL

Tanto dolor Alejandra: “Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada”.
Tantísimo dolor: “¿Cómo no
me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?
¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?”
Qué pez de pico inquieto y rapaz
mordía tu sexo, qué taladro trepanaba
tu cráneo para extraer los juguetes
de las circunvalaciones.
¿Por qué?
***
La solución -mi solución-
fue una montaña lejana con libros,
el despreciar la aflicción de los cuerpos,
el gorjear de mis propios ojos a martillazos
contra el silencio. Y lograr que tu cárcel
sea apenas feliz. Luces encendidas
de un barco de papel ardiendo.
No vivir, no enamorarse, no respirar,
aunque sigas vivo. El brillo de otro tú,
su suicidio asomando en tus paletillas.
Lo escribió casi un poeta inglés:
“Bostezando, bostezando de pena todo
el rato. Porque hay vivos a menudo
como meros fragmentos que crujen
con el cambio del tiempo mientras
transcurre la lenguaraz soledad”.
En las horas tardías una prescrita
congoja de alegría sin placer.

***

Constantino, emperador romano criminal y acaso también psicópata, convirtió por decreto a la plebe al cristianismo para convertirla en ovejitas mansas, para convertir sus cerebros en coprolitos humanos.

Lo mismo que hacen los ingenieros de las redes sociales, la tropicalmente fértil música moderna tonta y la Universidad pestilente, cuyos estudiantes me recuerdan la experiencia olfatoria de dos rieras conocidas como «Merdançar» y «Cagalell», en la Barcelona de la primera mitad del siglo XIII y hasta finales del siglo XIV.

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