Diario del zalapastrán 103

Acampo en el silencio más claustral y eremítico. Llevo sin escuchar la radio, la televisión o la voz humana varios días seguidos. Acampo cerca del bosque. Entre abedules frondosos sueño. Llueve. Repiquetea o tamborilea el agua en el canalón. Instalado en un prado herboso de siega miro al cielo. Bajo el abedul me sahúmo en la fogata vivificadora y preparo la cena. Feroces cínifes no desaparecen. Llueve. Sueño con marraquetas y tarta “tropézienne”.

En mi biblioteca el volumen de Voltaire empastado en tela granate flordelisada. Recuerdo los tocadores al laqué blanco con espejos ovalados y cuadros figurativos de la habitación de mis papás. El empapelado papel vinilizado del cuarto de invitados. La casa de la playa llena de alacenas y escondrijos, subterráneos y baúles nominalmente prohibidos que mi hermana y yo abríamos con horquillas retorcidas. Veo el piso de la avenida de Pedro III, número 94, con tantas novelas -sin restricciones para el lector de cualquier edad- de todos los siglos (la novela ya era la piedra angular de la industria editorial)

***

Emanuel Levinas: “La soledad es la unidad misma del existente, el hecho de que hay algo en el existir a partir del cual tiene lugar la existencia […] Así pues, la soledad no es solamente desesperación y desamparo, sino también orgullo y soberanía”, “El tiempo y el Otro”, p.80

Kierkegaard: “El hombre de espíritu se distingue de lo que somos nosotros por su capacidad de soportar el aislamiento, su rango, como hombre del espíritu, es proporcional a la intensidad con la que puede soportar el aislamiento, mientras los hombres que somos nosotros permanentemente necesitamos de los “otros”, del grupo; nos morimos, nos desesperamos, si no estamos resguardados por la pertenencia al grupo, por tener la misma opinión que el grupo”, “El instante”, p. 93

María Zambrano: “En los momentos de soledad, de esa soledad total que adviene tras la experiencia del desengaño de las cosas y su vacío se hace sentir la realidad -o su ausencia- como proveniente de un foco primario, viviente. Solo él puede restituir la confianza y la vida”, “El hombre y lo divino”, p.301

Mounier: “El hombre de la diversión vive como expulsado de sí, confundido con el tumulto exterior. Así el hombre es prisionero de sus apetitos, de sus relaciones, del mundo que lo distrae. Vida inmediata, sin memoria, sin proyecto, sin demonio, es la definición misma de la exterioridad, y, en un registro humano, de la vulgaridad. La vida humana comienza con la capacidad de romper el contacto con el medio, de recobrarse, de recuperarse, con miras a recogerse en un centro, a unificarse”, “Obras completas”, Vol. III, p.485

***

Contemplo los latidos geológicos salvajes; en un camino aparecen, junto a numerosos árboles, rodales de marihuana, con sus pies machos y sus pies hembras. Marihuana; aparecen en mi memoria noches de Sitges del noventa y uno, con Marta, noches del sábado fumados, la ventana abierta del hotel donde entraba el verano y, abajo, en el jardín, escamas púrpuras de la buganvilla formando helicoidales y fascinantes dragones azules y casi reales.

Por desgracia, en la sociedad muchos expresan solo aquello que cuenta con la aprobación de la mayoría, sin desarrollar una necesaria y legítima extravagancia. El relumbrón del estilo es el destino y poder de la individualidad.

Nunca nos familiaricemos con el pestilente estilo de las masas.

Solitario y silencioso, soy yo, y soy independiente.

Deja un comentario