
Montesquiou, alto, gran esteta y sibarita, sortija de algodón, peletería con música de piano, empuñando siempre un bastón, de modales ceremoniosos y trajes con las telas más exquisitas a juego con los guantes color marfil, compró en 1908 el Palais Rose de Le Vésinet, a las afueras de París.
El lenguaje, sonando como una marimba, con su libertina dimensión estética, o es otro Palais Rose o no es.
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En las cartas que Marcel Proust dirigió a Philipp Sassoon, o a M. Walter Berry, pone siempre el acento en el bienestar que experimenta en el Ritz, al sentirse rodeado de cuidados y de aquella cortesía que le era tan necesaria y sin la cual se diría que le faltaba aire para respirar: tan susceptible a las corrientes de aire como a la vulgaridad y la grosería.
En el Ritz y Proust, junto al lenguaje -del sonajero al hisopo-, hallamos lo único por lo que vale la pena vivir.
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Según Galeno, el filósofo estoico Crisipo sostenía que:
“La belleza humana reside no en la simetría de elementos sino en la de las partes, esto es, de dedo con dedo, y de estos colectivamente con la mano y la muñeca, y de todos ellos con el antebrazo y el brazo, y de todos estos con todo lo demás, como se describe en el Canon de Policleto. Pues, tras enseñarnos en ese tratado todas las simetrías del cuerpo, Policleto confirmó su argumento con una obra: hizo una estatua de acuerdo con los principios de su argumento, y llamó a la estatua misma, como al tratado, el Canon. Que la belleza del cuerpo reside en la simetría de sus partes, está de acuerdo con los puntos de vista de todos los médicos y filósofos”.
El Hortus Botanicus Amsterdam es uno de los más antiguos jardines botánicos del mundo. Fundado en 1638 por el consistorio de la ciudad para que sirviera como jardín de hierbas para los remedios de médicos y boticarios, contiene más de seis mil árboles y plantas tropicales e indígenas.
El idioma se taracea de aromas, simetrías y olores canónicos de jardín botánico, y acorrala la pestilencia deforme.
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“Porque Zeus puso a los mortales en el camino del saber, cuando estableció con fuerza de ley que se adquiera la sabiduría con la belleza y el lenguaje”, Esquilo, “Agamenón”
El lenguaje procura la forma e impulso de ese yate atravesando el mar de los Sargazos.
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“Un dandi es una persona que utiliza el vestido como una manera de disidencia, es decir, se viste bien, con prendas buenas, pero nunca como los demás. Introduce elementos transgresores en su forma de vestir: Lord Byron vestido de turco; ningún inglés de inicios del siglo XIX vestía de ese modo. El dandismo es ponerse prendas que puedan llamar la atención, dentro de un aire de elegancia, pero que a la vez destaquen”, L. A. de Villena
Bien vistamos y engalanemos al lenguaje, con un punto de extravagancia. Evitemos las palabras y frases degradadas y marchitas, torcidas y envejecidas por la bestia del uso común, los islotes turísticos abarrotados. La estética lingüística se aleja poco de quitar familiaridad a las masas verbales.
