Diario del zalapastrán 120

A mi pentalogía se la puede acusar de múltiples defectos: facundia (uso poco las tijeras), insuficiencia de lima, precipitación verbosa, desorden debido a su composición à la flujo de conciencia, elitismo irreal, vacuas resonancias barrrocas ETC ETC…Pero me parece indisputable y definitivo -acaso me equivoque mucho- es que son textos o poemas breves vasculares, con pasión, arrebato, brío, entusiasmo y desvarío. Mis divagaciones huelen a lefa, sangran, se alejan de la gélida geometría cartesiana. Como diría Unamuno (acaso soy en extremo generoso), siento el pensamiento y pienso el sentimiento.

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En la Antigüedad, se esculpían bustos bifrontes que representaban los rostros de Heródoto y Tucídides, para recordarnos que los hechos nunca tienen una sola historia, una única cara o un solo punto de vista. Mucho ojo con escuchar solo una versión o bien inmunizar acríticamente una determinada hipótesis.

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¿Por qué los cuentos de princesas son apropiados para tus hijas?

(i) Porque los padres no necesitan encontrar respuestas fuera de ellos mismos y son plenamente autosuficientes.

(ii)¿Tanto han cambiado las cosas que lo que antes era bueno ahora es inadecuado, anatemizado y casi pecaminoso?

(iii) Si nuestras hijas ven Blancanieves y Cenicienta (que les encanta), YO les puedo asegurar que por esa bagatela no van a desarrollar ningún síndrome patológico de princesas, simplemente desarrollan un onirismo imaginativo universal.

(iv) Las ideas estereotipadas del príncipe azul, dice el Ministerio de Sanidad -je, je- NO perjudican seriamente la salud.

(v) Creer que por oír un cuento de princesas las niñas siempre desearán ser guapas, y los niños se querrán convertir en sus protectoras, es una idea tan profundamente IMBÉCIL que no la pienso refutar.

(vi) No confiamos en los niños. Ellos discriminan creencias sobre lo que está bien y lo que está mal ¿Por qué debemos condicionar las ilusiones de los niños? ¿Por qué presuponemos -erróneamente- que esas lecturas y fantasías los convertirá en seres autómatas e incapaces de empatía y solidaridad?

(vii) Si un niño o niña vive en casa un ambiente de respeto y tolerancia, de honradez y cultura, les aseguro que esos «pérfidos» cuentos de princesas o esos juegos con camiones y espadas, no los convertirá en malas personas ni en mujeres sojuzgadas vilmente por el varón ni en cabrones machistas violentos.

(viii) Que una alumna admita que su novio gilipollas no le deje llevar escote, no se debe a la supuesta influencia perniciosa de los cuentos tradicionales -es obvio y ofende enfatizarlo- sino a una tribu educativa general que perdió el rumbo y los referentes.

(ix) Los niños tienen tendencias y propensiones naturales (léase la amplia bibliografía de la psicología biologista) y las niñas otros. Que ellas prefieran jugar con muñecas pertenece al estado natural de las cosas.

(x) Lo criticable es burlarse de una niña que le chifla jugar al fútbol o un niño que luce pullovers rosa. Si un niño es «cocinitas», miel sobre hojuelas, si una niña quiere ser bucanera, también perfecto. Pero no remodelemos con leyes de ingeniería social los instintos naturales de nuestros infantes. Confiemos en los niños y en sus padres y nada, pero nada, en el Estado y el Ministerio de Igualdad.

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