Diario del zalapastrán 122

Galanes hormonados de discoteca, pinchabragas en la televisión, mozas largonas con don de lenguas, vedettes de tarifa variable, chulapos de cubata…Donna Karan vende, además de ropa y perfumes, agua mineral; Starbucks, aprovechando el crédito de sus cafés, comercializa muebles y artículos domésticos; Absolut no es solo un vodka, es un estilo, una creencia, una forma de estar, una estética; 800 millones de turistas contaminan los paisajes; más de 700 clases de pájaros (y sus cantos) se extinguen anualmente; parques temáticos, acuáticos, zoológicos nos aboban; hay trattorías japonesas, vascos zen; cunde una ética sin obligación, sin sacrificios y sin sanciones; cantantes mascan sus chiches sin azúcar mientras radian sus tontunas en las entrevistas…

Nuestra época es como una especie de ópera bufa sin música, un bloque de mármol roto sin rigor ni luz, una perseverante pesadez de naturalismo ágrafo. Las vidas no arden ni renacen de sus cenizas. Nos quieren deprimidos y mustios, para así mejor manipularnos; pero mucho mejor es que estemos inconteniblemente divertidos y entretenidos, por tanto, cumplamos a rajatabla el rol de buenos clientes y ciudadanos felices como niños.

***

Necesito helechos, rocas musgosas cerca de fuentes con sabor a hierro, serones colmados de hogazas de pan, canchales y montes morados. Necesito desinfectarme de lo moderno. Ver brotar el bozo del trigo, o gentes que andan buscando setas en el pinar. Necesito el narciso de la junquera, la violeta de la umbría, la raspilla, la campánula azul. Que me acompañen nubes negras y bajas, días foscos, para meter el corazón bien adentro. El bosque con color, olor y alma de bosque, mi perrilla alborotando por él. La vida agrícola frente a la urbe infernal.

***

Descreo de mi prosa capolada, como filólogo de chirivías, envarada con zarzales y cambroneras de adjetivos, superlativos, hipérboles, amplificaciones y altisonancias. Nada hay a la larga más enfadoso que un estilo que, dejando de lado la naturalidad, se engolfa en supuestas elegancias; la elegancia no puede ser más que lo sencillo.

Bienvenida sea la retórica de tono menor, de curtidor, carpintero, alfarero o tintorero, hecha de continencia y economía de gestos, clara y precisa, desprovista de aquellas galas que parecen adornos de estatua de cementerio.

Escribo con sadismo profesoral, con palabras apelotonadas como ideas kantianas, con cronometría de gesto altílocuo y ceroso, en minervino, con crueldad otomana, en minervino laberíntico. Ello se debe a que sufro sinestesias con el lenguaje, y cada letra o palabra viene asociada a determinadas velocidades, colores, emociones ETC.

Perdonen el fulmíneo extravío. Si vivo mucho tiempo me enmendaré y me convertiré en un escritor cristalino y concienzudo como claro de bosque.

***

Copérnico presentó, por miedo a inquisidores religiosos, su teoría heliocéntrica a modo de HIPÓTESIS. Para salvaguardarme de desmentidos científicos, yo también presenté mi idea del ocaso cultural a modo de hipótesis (que una ulterior investigación científica refrendaría o refutaría)

Hoy creo que la Cultura padece una crisis colosal, sin género de duda: la gente se desentiende de ella, la desprecia y la ignora, se autoexcluyen de conocerla y vivirla, vacían sus contenidos y la desnaturalizan; reina una especie natural universal como del mal gusto, tal si los pesebres de oro de la palabra se convirtieran en caimanes y orines de cerveza.

La Cultura agoniza como una mala estrella en desgracia. La rodean esqueletos y parásitos (pulgas, piojos, ladillas), se infecta de bacterias (tuberculosis, lepra, sarampión), la cercenan un ejército inmenso de apaches salvajes e iletrados. Prácticamente no se puede ya hablar con nadie.

Deja un comentario