POSTSCRIPTUM

Doy por acabado el “Diario del zalapastrán”, penúltimo volumen de mi pentalogía (falta el “Diario de Aquitania”) No quedó muy harrado, es mi libro más hecho a impulsos, más desordenado, a imitación de la civilización zolocha que nos rodea. Toda la serie es un monólogo interior, pero disculpen el exceso de harapos y pingajos en éste. No puse -no sé- sacos de oro ni techado de la Sixtina; el libro poco se diferencia de la sombra encaminada a la sombra.

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El alejamiento melancólico del mundanal ruido, a causa de un legítimo cansancio, es signo de nobleza. Me hago indiferente a lo que ocurre en la cabeza de las otras personas, dado el carácter superficial y fútil de sus ideas, su estrechez de miras, la mezquindad de sus opiniones y visión del mundo, la deshonrosa cantidad de errores en su mente.

La cultura agoniza. La demanda de “entertainment” convierte el arte en arqueología ¿Acaso alguien se acuerda de las alegres y ondulantes líneas del rococó, despiertan su interés la artesanía romana, saben de grecas, hojas de acanto, guirnaldas de laurel, candelabros? La biblioteca Palatina y la biblioteca Octaviana se llenan de moho y musgo. Gráficos digitales ponen en tela de juicio a la escritura alfabética. Pesadas montañas de libros son quemadas en el suelo. Bandadas de analfabetos cruzan el cielo. Nadie es ya capaz de reconocer una pequeña edición cartoné de hace medio siglo. El pensamiento imperecedero se disuelve volátil en el aire.

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Me duele y no me es fácil reconocer esto. Mis palabras, lo admito, podrían ser más brillantes y optimistas, pero no más sinceras. No hacen falta muchas luces para notar esta extrema civilización zalapastrana. Echo de menos a mamá. Pronto le llegará la hora a mi cuerpo corruptible y mortal. Cae el atardecer, caen las hojas, viene la noche. Aunque derrotado, no sin gloria peleé.

Buenas noches. Libros, Inteligencia y Verdad.

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