
Pedro el Venerable escribe: «Fui pues a buscar a los especialistas en la lengua árabe que permitió que ese veneno -se refiere al Corán- infectara a más de la mitad del mundo. Los he persuadido a fuerza de ruegos y de dinero para que tradujeran del árabe al latín la historia y la doctrina del desdichado y su misma ley, a la que llaman Corán. Y para que la fidelidad de la traducción fuera completa y ningún error llegara a falsear la plenitud de nuestra comprensión, agregué a los autores cristianos uno sarraceno.He aquí los nombres de los cristianos: Robert de Chester, Hermann el Dálmata, Pedro de Toledo; el sarraceno se llamaba Mohamad».
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«No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia», Montesquieu.
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Spinoza: «Sed omnia praeclara tam difficilia quam rara sunt» («Las cosas excelentes son tan difíciles como poco frecuentes»)
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Hermanos Goncourt: “Tras tantos siglos de educación del género humano para sacarlo de su estado selvático, se vuelve a la barbarie de las cifras y al triunfo de la tontería de las masas ciegas”.
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Jünger: “La situación de animal doméstico arrastra consigo la situación de animal de matadero”.
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Stendhal: “El verdadero grito de la Civilización es: ¡Nada de arbitrariedad!”.
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Stefan Zweig: “ Europa y el mundo casi han olvidado ya que sagradas fueron antes la libertad civil y el derecho individual”.
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«La sociedad que separa a sus intelectuales de sus guerreros, hará que cobardes tomen las decisiones y tontos luchen las guerras», Tucídides.
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Amamos la belleza con sencillez y amamos el saber sin relajación.
«Discurso fúnebre» (Pericles)
Tucídides, 429 a. C.
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«Tucídides enseñándote
-cuando todos los caminos
se desvanecen en la sombra- a
desentrañar lo inexpresable de la Historia,
su fuerza ciega».
José María Álvarez
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Me inspiraré parcialmente en el pensador católico Jacques Maritain para definir “bien común”. Bien común es un entramado de bienes de utilidad pública como carreteras, ferrocarriles, hospitales, puertos, escuelas, que coadyuvan a una sana economía, una seguridad firme, tanto interna como externa, un conjunto de leyes justas, de buenas costumbres e instituciones, conciencia cívica, derecho y libertad, y una opinión pública diversa, pero trazada desde argumentos cultos y racionales (una reserva de ideas no delirantes)
Los ciudadanos dialogamos públicamente. Si sube al primer plano del escenario social, mediante arteros movimientos políticos o bien por el mecanismo implícito de las redes, ideas chuscas, conspiranoicas, extravagantes, vicios epistémicos, surrealistas, que, en cualquier sociedad siempre existieron, pero quedaron relegados al margen, entonces nuestro diálogo público se trivializa y degrada. La inteligencia tiene unas reglas: uno no puede rebajarse a debatir tú a tú con alguien que cree que el centro de la tierra está hueco y ahí viven extraterrestres, ni que nos envenenan las estelas de los aviones, ni que existe un gobierno mundial judío en la sombra, ni que la covid se cura con lejía. Estas estupideces no forman parte ni del canon racional o científico, sino de la galería de genopatías y deformidades del pensamiento.
Éticamente no puedes tolerar la intolerancia, intelectualmente no puedes tolerar la absoluta memez (sí, por cierto, a la persona que la sustenta) La inteligencia es como un juego de expectativas, y expectativas de expectativas. Si se está hablando de Van Gogh y un tertuliano afirma que conoce a ese jugador alemán de fútbol, la única salida es cambiar educadamente de tema y el silencio. Uno no puede argumentar con alguien que afirma que la covid se cura con desinfectante, igual que con van Gogh, calla y cambia de tema.
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¡Afortunados los pueblos que tienen una historia tediosa y son cultos e ilustrados!
Lo que deja muy claro la Historia de estos últimos tiempos -y no sólo de España, aunque España se lleve la palma- es que la imbecilidad y la vileza no tienen límites.
Dada esa vileza, como Ciro Bayo, me he fabricado una ermita dentro de mí mismo.
