Diario de Aquitania 9

(Monólogo del esquizofrénico paranoide crónico)

SÍNTOMAS: Angustia (Rattus praetor), agotamiento (Rattus norvegicus), falta de relación entre mi mímica facial y mis sentimientos internos (Rattus tanezumi), muecas incontroladas (Paragordius tricuspidatus), alucinaciones acústicas (desde estallidos, toques, aullidos o trinos, hasta voces dialogando), habla y pensamiento entrecortado y desorganizado (bubutes, gorgojos), imposibilidad de fijar la atención en una tarea concreta (leer o bien escribir), pierdo el hilo de ideas y frases, carencia de impulsos (carcomas, cucarrones), cansancio, ganas exageradas de dormir, disminución drástica del color e intensidad de los sentimientos (barrenillos y congorochos), nulo vigor, delirios incapacitantes, ninguna vibración o alegría rebosante, ideas suicidas (sierpe, culebra, crótalo, pitón)

Yo, alienado, insensato, débil de espíritu, trastornado, alucinado, violento, furioso, enfermo de una enfermedad compuesta de furor, debí volverme loco debido al vicio y al libertinaje, a los malos hábitos y la depravación de costumbres, al mal comportamiento y la vida escandalosa. Me internaron en una pieza minúscula, como un calabozo, con paredes desnudas y por todo mobiliario un ruin camastro de cincha con un solo colchón de cuatro dedos de espesor. Manta y sábanas sin jergón, y una silla de paja.

Herbert Wimmer escribió en el siglo XVIII que algunos nobles filósofos sostienen que todas las sensaciones se hacen en el cerebro, todavía las que imaginamos que se celebran en los sentidos. Por consiguiente, el ojo no ve, el oído no oye, ni la mano palpa. Estos ejercicios son privativos del cerebro.

Lamento mi cerebro tarado genéticamente, apoplético. Y me envenenan los ungüentos cerosos que bañan mi hígado y bazo. O los riñones ávidos de bilis negra.

***

Si huyes del esfuerzo, la fuerza huye de ti. Arrasado y deprimido, indolente, me fuerzo a escribir unas letras. Se abomban los leños en la chimenea. Hace mucho frío y viento. Advierto mi sangre tosca, sus reflujos. Como circula lentamente. Desaliento, escasa confianza en mis acciones: es que soy un esquizoide melancólico. Me gustaría relajarme con baños de malva. Un río negro serpenteando, cada vez me aprieta más fuerte el cuello. Se acumulan capas oscuras en el cielo. Nadie con quien hablar.

Mi cerebro es un hervidero, pero congelado. Las ideas parecen momias. Intento ordenarlas y clasificarlas; pensar con claridad ayuda al equilibrio mental. Confusión. Las cosas adquieren el punto de vista de un ángulo absurdo.

¿Salud? Muy deficiente ¿Dinero? Ni olerlo ¿Fama? Mala ¿Aplausos? Ni uno ¿Hogar? El manicomio. La vana sombra, el bien fingido…Mi devoró mi cabecita de bebé un neurovirus y así acabé. La tarde oscura. Mis papás sabían que no era como otros niños, no podían razonar conmigo.

Levanto la barbilla al aire de la noche, babeo, y dejo de escribir ahorita estas frases absurdas e incompletas.

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