
“Ésta es la belleza de la escritura: no se hunde en la materia, no sumerge el espíritu en las potencias más bajas, sino que da fuerza para levantarse de nuevo en el menor tiempo posible y precipitarse hacia el ser. En una vida así, lo que está abajo también está arriba”, Miguel de Molinos.
“Dios me salve de alguien que solo ha leído un librito”, Tomás de Aquino.
“Libros, sois vasos de oro llenos de maná; rocas que brotan miel; ubres rebosantes de leche de vida; depósitos inagotables; la cuádruple corriente del paraíso, que refresca el alma humana y moja y riega el espíritu sediento; árboles cargados de fruta, higueras que no conocen fracasos en la cosecha; lámparas encendidas, para llevar siempre en las manos”, Guillermo de Saint-Amour.
“Las bibliotecas se llenan de libros, pero las mentes se empobrecen cada vez más en educación”, G. Cardano.
“La lectura enriquece a las personas, el intercambio verbal de ideas las vuelve inteligentes. Escribir te ayuda a obtener conocimientos más precisos”, R. Grosseteste.
“Los mejores libros son aquellos que quienes los leen creen que podrían haberlos escrito ellos mismos”, Pascal.
“La escritura es letra muerta que sólo la imaginación y el intelecto de la lectura pueden avivar”, Gregorius Eliberritanus.
“Man sollte alle Tage wenigstens ein kleines Lied hören, ein gutes Gedicht lesen, ein treffliches Gemälde sehen und, wenn es möglich zu machen wäre, einige vernünftige Worte sprechen”, “Debemos escuchar al menos una plácida canción todos los días, leer un buen poema, ver un cuadro excelente y, si nos es posible, decir algunas palabras sensatas”, Goethe.
“Los libros son sólo cartas gruesas para los amigos”, Helvetius.
“Los libros tienen un sentido del honor. Si los das, no volverán”, Lord Palmerston.
“La educación no pasa por leer, sino por pensar en lo que se lee”, Menéndez Pelayo.
“Escribe brevemente y lo leerán. Escribe claramente y lo entenderán. Escribe en sentido figurado y lo recordarán”, Persio.
“¿Dónde encuentro todo este tiempo para no leer tanto?”, Karl Krauss.
“Una buena novela cuenta la verdad sobre el héroe, pero una mala novela cuenta la verdad sobre el coche”, Chesterton.
“El mejor libro es aquel que hace sentir al lector su propia riqueza”, Plutarco.
“Un lector lo tiene bien: puede elegir a sus escritores”, J. Divisa.
“Incluso a los encargados de la mudanza no les gusta la gente que lee libros. Pero al menos tienen una buena razón para ello”, G. Laub.
“¡La lectura no es un valor en sí misma! Desde Gutenberg se han impreso muchas más tonterías que las que la mala televisión ha podido difundir en sus ochenta años de existencia”, H. Casciari.
“Escribir libros me conmueve, crea en mí dispares sentimientos. Pueden hacerme pasar de un estado de ánimo feliz y despreocupado a uno reflexivo, de la ansiedad a la duda, de la misma confianza a la tórrida obsesión”, M. Colell.
“A la mayoría de los libros solo les quedan citas ¿Por qué no simplemente escribir citas?”, G. Perec.
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“—Yo, señor don Quijote —respondió el hidalgo—, tengo un hijo, que, a no tenerle, quizá me juzgara por más dichoso de lo que soy, y no porque él sea malo, sino porque no es tan bueno como yo quisiera. Será de edad de diez y ocho años; los seis ha estado en Salamanca, aprendiendo las lenguas latina y griega, y cuando quise que pasase a estudiar otras ciencias, halléle tan embebido en la de la poesía (si es que se puede llamar ciencia), que no es posible hacerle arrostrar la de las leyes, que yo quisiera que estudiara, ni de la reina de todas, la teología. Quisiera yo que fuera corona de su linaje, pues vivimos en siglo donde nuestros reyes premian altamente las virtuosas y buenas letras, porque letras sin virtud son perlas en el muladar. Todo el día se le pasa en averiguar si dijo bien o mal Homero en tal verso de la Ilíada; si Marcial anduvo deshonesto o no en tal epigrama; si se han de entender de una manera o otra tales y tales versos de Virgilio. En fin, todas sus conversaciones son con los libros de los referidos poetas, y con los de Horacio, Persio, Juvenal y Tibulo, que de los modernos romancistas no hace mucha cuenta; y con todo el mal cariño que muestra tener a la poesía de romance, le tiene agora desvanecidos los pensamientos el hacer una glosa a cuatro versos que le han enviado de Salamanca, y pienso que son de justa literaria”.
