
EN LA IGLESIA DEL BOSQUE
Ponen en la radio “Llorona”, de Chavela,
una de nuestras canciones preferidas.
Las flores del camposanto. Hablé con
Noemí y estipulé ante notario que me
incineraran y mis cenizas reposasen
en el mirador del bosque junto a las tuyas.
Dormidos nos estaremos quietos. En llegando
el olvido nos amaremos por siempre. Soñaremos
que estamos vivos. Mamá, la centella
invisible muda y brillante es nuestro cabello
rubio dentro del bosque. Nuestro amor
siempre joven vive en sus espejos. Nuestro
amor, al cabo, ¿por qué no elogiar su eternidad?
Amor sin palidecer, ni veranos ni inviernos.
Tapame con tu rebozo porque me muero de frío.
