
«Difficile est tenere quae acceperis nisi exerceas», («Es dífícil retener lo aprendido, a menos que lo practiques»), Juvenal.
«Ningún mortal, pese a los muchos libros, es sabio todo el tiempo», Plinio el Viejo.
«Recordad que permanentemente nacen los libros más antiguos para todos aquellos que todavía no los han leído», Ulpiano.
«¿A menudo no te has sentido desconsolado después de terminar de oír leer un libro? ¿Alguna vez un poeta no siguió susurrándote noches y semanas y meses?», Celso.
«El que acumula libros, acumula deseos; y el que tiene muchos deseos es muy joven, incluso a los sesenta años», Varrón.
«Saber que podrás leer antes de tener que morir, es una de las sensaciones más placenteras de la vida», Jámblico.
«Todos los libros que se pueden leer dos veces pertenecen a la literatura», Lactancio Plácido.
«Se honra un libro al usarlo, no al dejarlo en soledad», Quintiliano.
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«Hay libros de los que no puedes hablar con otras personas, libros que son tan especiales y raros, y tan tuyos, que hacer alarde de tu amor por ellos parecería casi una traición», Cesare Pavese.
«Si tienes la impresión de que el autor estaría muerto si no hubiera escrito «ese» libro, entonces ese libro no puede ser ningún mal libro», Jean Genet.
«No hay barco que pueda llevarnos a mares tan lejanos como un libro», Emily Dickinson.
«Descubrí muy pronto que los mejores compañeros de viaje son los libros: hablan cuando lo necesitas, callan cuando precisas silencio. Te hacen compañía sin ser molestos. Y dan mucho, sin pedir nada a cambio», Joaquín Costa.
«Los libros son brújulas, telescopios, sextantes, los mapas que otros hombres prepararon para ayudarnos a navegar por la existencia», Murray Gell-Mann.

