
«Graecia capta ferum victorem cepit et artis// intulit agresti Latio». «Grecia conquistada conquistó a su fiero vencedor e introdujo las artes en el salvaje Lacio», Horacio.
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“La piel con la que estaba hecho el pergamino podía ser ovina, bovina, caprina o caballar. Una vez obtenida la piel tras despellejar a la res, se le quitaba la grasa y se sumergía en una disolución de cal y agua para facilitar el siguiente proceso. Después del remojo venía el raspado que consistía en quitar el pelo y dejar la piel en una membrana; se dejaba secar y se cortaba en el formato “charta”. Por último, se pegaban las “chartae” para formar el volumen que ya estaba listo para ser escrito. Sus dimensiones eran similares a las de la “charta” papirácea. Resultó que el pergamino era mucho más resistente que el papiro, pero, aún así, muy caro y difícil de extraer […] La tinta que se utilizaba para escribir el cuerpo del texto era de color negro, designándose en latín con el nombre de “atrementum”. El “atrementum” estaba compuesto por hollín, resina, heces de vino o tinta de sepia, que se mezclaba con goma vegetal o agua. Conforme avanzaba el tiempo se fueron añadiendo otros componentes como la agalla de encina o vitrolo en vinagre o cerveza. Con esto la tinta negra tomó varios matices además del negro puro. También se utilizaba una tinta roja para escribir los títulos, llamados “rubricae” y los nombres de los autores. Esta tinta era denominada como “rubrica” o “minium” ya que su base para conseguir el color rojo era la “terra rubrica”. De ahí que en Roma solo las ediciones más lujosas estuvieran hechas en pergamino”, Hermann J. Gensler, “Geschichte des Buches in Rom”.
