Diario de Aquitania 65

Qué terrible escena, la cuenta Tácito, cuando Tiberio tiene entre sus brazos a su nieto y señalándoselo a Calígula, le dice: «Tú lo matarás. Y otro te matará a ti».

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Ah este gobierno corrupto y acémila; les recuerdo unas palabras de Léon Bloy: «Ne me parlez plus de ces imbéciles». Y como decía Jorge Guillén, «Cortés vencido, todos indios».

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La democracia, convertida en detestable oclocracia. Por todas partes solo hay frases sin contenido, que además no son producto de ninguna reflexión, de ninguna idea, sino repetición de lugares comunes, vacíos, alimentando -frecuentemente- falsedades.

Casi nadie dice algo medianamente razonable o que demuestre la menor cultura o una mínima inteligencia, y eso hasta los que parecen inteligentes. En fin, un mundo despreciable. «Fuxir». Detesto y no entiendo este mundo.

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La Fortuna es caprichosa. Me encanta este poema árabe de lamento o insatisfacción ante el destino.

Con un traje de pieles
era yo más dichosa
que con las rozagantes vestiduras
que aquí siempre me adornan.
Mi tienda del desierto,
a través de la cual el viento sopla,
allí mejor se mora.
El reposado andar de mansa mula
me cansa, y no el camello cuando trota;
más me agrada el ladrido de mi perro
que el son de los timbales y las trompas.
Un pastor de mi tribu
más valor atesora
que todos estos necios cortesanos,
y su lujo y su pompa.
Prefiero a los alcázares.

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«Was du erebt von deinen Vätern hast / Erwirb es um es zu besitzen», Goethe. «Lo que has heredado de tus padres, hazte digno de poseerlo». Soy leal (de «legalitas») a esos valores patricios y nobles, entre ellos nunca ser un CUCAÑISTA ni un PELOTA, como lo son los políticos.

Además, ¿qué logras ganando el mundo si pierdes tu alma?, dice aproximadamente la Biblia. Yo, como escritor, me jacto de no haberme vendido por una piscina. Leal a Tácito, a Ligne -en la medida de mis muy escasas fuerzas y nulo valor- y no al parné.

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