Diario de Aquitania 68

VARIACIONES A UN POEMA DE EMIL MAN MARTÍNEZ

El descompuesto por los besos carmín de una scort,
la seda de los palacios y la carne de las salonnièrs,
el barrio burgués, venerable, noble y silencioso
donde nací, con callecitas limpias y casas amplias,
allí donde “el cel fa vibrar el seu blau lluminós com una
llançada”. La tranquilidad estoica de las bibliotecas,
las madrugadas en Boston, la belleza del Orient Express.
Tertulias largas en cafés de rojos mármoles, Li Po,
el adormecido asfódelo de la Luna, Wittgenstein,
la mala suerte que gira página y entonces de ti
se enamoran rosadas chicas posadas sobre la arena
rubia de las playas, el aliento claro y dulce de mamá,
la suprema elegancia del salón Verdurin, Grecia y Roma,
los hotelitos de París, las salas de lectura en las
mansiones victorianas. Europa los dos últimos siglos,
las misteriosas coreografías rusas, Platón y el álgebra,
esos pronombres de la alegría, el mar donde con tablas
de surf bellas universitarias planean las olas diríase que
encendidas de lava, la pedrería del bosque, este
ininterrumpido allegretto de mi perrilla “Ita”,
el leve muro azuloso de la Ribeira Sacra en que vivo,
lentos paseos por bulevares de árboles y teatros,
ese cuarteto de cuerda sonando en los corredores y
salas de las casas felices, y leer de noche o caminar
bajo el sol. Enumeración breve de dones que
deleitan sentidos y mente, y de la muerte nos alejan.

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