
(Sobre «El burrito sabanero», de Bisbal)
Policarpo, obispo de Esmirna y Padre de la Iglesia, dijo en el siglo II, según se lee en la Patrología de Migne: “¡Dios mío! ¡En qué tiempo me habéis hecho nacer!”
Solo puedo, en fin, lamentarme como Taine «¡Ay! Dios mío, ¡qué tontería habéis hecho al ponerme en el mundo!».
Schopenhauer: “La tontería es la madre y nodriza del género humano”. O bien Palingenio: “Tanta est penuria mentis vbique / in nugas tam prona via est!” («Tal es la penuria de la inteligencia en todas partes / que las tonterías tienen allanado el camino».
Solo puedo decir de mi siglo lo que Leopardi declaró del suyo: «feo y estúpido». O sumarme a Catulo cuando se quejaba amargamente de un siglo lleno de generaciones de hombres ausentes de gusto y gracia, «O saeculum insipiens et infacetum!».
«Me abstuve de las vergüenzas de la época», Platón, carta VII.
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«¿Qué es poesía?» dice la ministra
mientras clava en mi pupila
su mollera de grisú:
el supermercado eres tú.
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Tengo un recuerdo brumoso de la prosa de Zoé Baldes, Rosa Regás y Lucía Etxebarría. Una impresión de mujeres turbadas por el apelotanamiento de dudas o amnesias sobre no sé qué. Acaso del abecedario.
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Pregunta de un perodista joven a Borges:
«Desde su ceguera. ¿Ha cambiado su forma de ver las cosas?».
