
Se creó un pequeño escándalo mediático al filtrarse el correo electrónico de un profesor de la Universidad de Bretaña Occidental, donde calificaba a los estudiantes de «casi retrasados, en el caso de no pocos de ellos, incapaces de entender el sentido de un texto sencillo o de leer sin balbucear».
Asistimos a una verdadera disociación entre el título y las competencias intelectuales. El creciente número de graduados universitarios solo indica que el nivel de cretinos titulados no deja de aumentar. Titulados incapaces de acceder a los contenidos científicos y humanísticos más ricos y elaborados. Para ellos, la lectura y el estudio, no son un viaje, sino un castigo. Son los gammas de «Un mundo feliz».
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Ante el desplome en cantidad y calidad de la inteligencia, ante el ínfimo nivel mental de políticos y gobiernos, no me queda más que pensar que tal vez Joseph de Maistre tenía razón cuando, en 1810, escribió al conde Razumovski, ministro ruso de Educación, que «la experiencia demuestra, del modo más patente, que cada nación tiene el gobierno que se merece».
