Diario de Aquitania 82

La tecnología es implacable ¿Llegarán a suprimirse las formas naturales de concebir al hombre, sus propósitos y fines seculares? Pero la tecnología no puede dar al hombre equilibrio (más bien le provee de cierta ambigua desesperación) El hombre tiene una naturaleza que no debemos ceder a las máquinas si deseamos sobrevivir.

Me levanto a las seis. En mi celda alquimista, una ocasión para la alegría. Sentimiento de reposo y aun de quietud. Hay silencio en la casa y fuera de ella. Fuego tranquilo. El retrato de mamá parece sonreírme. No me siento confuso ni triste, sino sereno. Pienso, atropelladamente, en mamá y en el lenguaje y en las palabras. El recogimiento mudo. Uno se siente vivir bajo una forma pura, en la manera más etérea del ser. No necesito cantidad ni movimiento. Solo detalles, divagación y errancia.

Imagino al lenguaje algo como un agua de azulete clorado, como una hilera de párrafos fluidos, sensuales y directos. Las palabras, incluso sus desmanes y ultrajes, avivan la tramoya o caudal de lo más real y propio nuestro. Francesco Melosio hizo juegos de palabras cómicos y caricaturescos, Max Jacob abandonó la casa comercial de las palabras en la que trabajaba para vivir como poeta. Qué filigranas ovoides y moradas dibujan el lenguaje y las palabras, algunas ásperas al paladar, otros con sabor a chinchibí. Bellas y brillantes palabras como un poney nervioso, gotas de mármol tropical dentro de un alfabeto helénico. Mi futuro siempre pertenecerá a las palabras. Las amo y siento con pasión de enamorado.

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