He vivido en los cataclismos del polvo, en arrabales, en comisarías, minas y manicomios. Ya morí, estrangulado por la Fuente Cruel del Tiempo. Y a lo largo de aquel camino, preguntad a los que me sobrevivieron, y que me escupieron, quién fue ese ser misterioso que no existe, que se ocultó por miedo, y volaba despacio por la noche, esperando la ternura de los ángeles y los demonios de la tierra.
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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