
TUMBA DE CHRISTIAN
Yo, Christian, yago aquí. De esta pequeña aldea
afamado -con escarnio- por rarezas de escritor y loco.
Asustó el descomunal estrépito de mi soledad,
y el negro demonio reclamó el brillo de mi abismo,
y los niños se arremolinaban para tirarme gusanos,
porque yo, Christian, sufrí la insulsez e inquina del pueblo.
Mi soledad desbaratada fue vista como herejía.
Caminante, tú al menos, no me censurarás,
si conoces la fiereza de estas gentes, si te
apiadas al imaginar la vehemencia de mi vida,
el pringoso lecho insomne en que me acosté,
lo voluptuosa y llena de miseria que solo pudo ser.
