No soy indiferente al frío del invierno, ni al cornejo exhibiendo sus flores amarillas entre los áridos roquedales. Dormir debajo de la bóveda, con mamá y macetas de cinerarias –azul sobre azul- Me atemoriza mi solitario corazón helado. Pronto (por propia mano) llegará mi fin: ¡Antes que las lluvias de verano, con sus resplandecientes hojas, todo lo estropeen!
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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