
Cerca ya el final de la pentalogía. Han sido unos años duros de trabajo, redacción e investigación. Pero, no les engaño, un enorme placer también. El acopio de ideas, la expresión de mis impresiones con mi propia voz, el misterioso enigma de transformar intuiciones en palabras, y la “música” del poema en versos, o el trasponer líneas oscuras en pasajes claros, fue un trabajo cansado, fatigoso, sí, pero muy bonito.
Perdonen el abuso de citas -hay cientos de ellas-; no creo que lastren el texto; no lo hice por inseguridad ni por exhibicionismo de vana erudición, ni para llenar líneas con facilidad; simplemente me parecía, y me parece, una memez resumir o parafrasear con MIS propias palabras, las palabras de los genios. Adviértase también que la atribución y el contenido de no pocas citas es infiel.
Perdonen la escritura expansiva, el no eliminar elementos superfluos, la prolijidad, el evitar las tijeras. O bien los pasajes afectados y circunloquios barrocos (deliberadamente rehuí tonos lingüísticos demasiado pobres y coloquiales) Perdonen si hay periodos complicados, intrincados, retorcidos o poco fluidos. O bien si la selección y organización de ideas convierten la pentalogía en un mecanismo poco legible. Y perdonen, finalmente, los desaconsejables plagios (sin malicia) que abundan.
No sé, no escribiré más, acaso sí. Soy uno de los escritores más raros y curiosos de la literatura española. A lo mejor en el futuro alguien me dedica un epígrafe o un par de párrafos.
Mi albacea literaria es mi hermana Noemí, pero conste que NO DEBEN EXISTIR INÉDITOS, PUES EXCLUSIVAMENTE CONSIDERO LEGÍTIMOS LAS PROSAS Y POEMAS INCLUIDAS EN LA PENTALOGÍA Y SOLO ESAS PROSAS Y POESÍAS.
Recuérdenme como un ser bondadoso, no como un canalla. El ojo se espeja y la nave por el río desciende. Un escritor solo es una larva insignificante. Un escritor es nadie. Hacia el pedregoso cielo de Mercurio vamos. Un placer, queridos. De veras.
