Diario de Aquitania 109

(Ora et labora)

En la cátedra de literaturas neolatinas que impartía doña Emilia Pardo Bazán, llevaba unas notas escritas y se dedicaba a leerlas en clase. Hablaba de literatura francesa y extraía las notas del manual de Brunetière. Para que la cátedra tuviera oyentes, invitaba a muchachitas y damas de la buena sociedad amigas suyas.

A veces incurría en deliciosas ligerezas como plagiar de Melchor de Vogüé sus estudios sobre la novela rusa.

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Leí con atención “On the Creed”, “Sobre la fe”, de Pearson, y otros libros sobre literatura divina. Y no fui tan idiota de suponer, sentir o decir: “credo quia incredibile”.

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Ganduleo. En mi “chambre de débarras” se apilan libros. Me gustaría encontrar esa dimensión de lo real en que latan en mi interior instantes con brillo.

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¿Qué le pasa a esa chica? Sencillamente es una mariposa de niebla que desea ser nube.

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“Si sigue así, a Churchill a los treinta años se le habrá quedado pequeño el Parlamento, y a los cuarenta, Inglaterra”, G.W. Steevens.

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“Gastamos un millón en quince días”, escribió Góngora en un famoso soneto. Se comprende. En los banquetes, organizados por el duque de Lerma y el condestable de Castilla, se sirvieron más de mil doscientos platos de carne y pescado, sin contar los de postre, confituras y entremeses.

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Aquí floreció otrora una ciudad opulenta. Dentro de estos muros resonaban sin cesar los bullicios de las artes, y gritos de alegría y celebración. Ahora el tiempo es estéril y las costumbres ruinosas. Se huye a los caminos. Y lobos solo se alimentan de lobos.

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NIT ESTELADA

Y los árboles y la noche
ya no se mueven sino dentro
de cuevas y de silencio.

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