
«La política internacional siempre ha tenido un componente brutalista. Lean a Tucídides. Pero inventamos la diplomacia para que no lo pareciera. Hoy, por lo que parece, estamos viendo el hundimiento del noble arte de la hipocresía política», Gregorio Luri.
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Zelenski, además de sus notables limitaciones, estuvo muy mal asesorado por sus diplomáticos y servicios de inteligencia. Negociar es prever. Negociar es evitar el conflicto «público». Debiera haber sido tan invisible y activo como el mecanismo de un reloj.
Recordemos estas realistas, aunque desalentadoras, palabras de Fouché: «Uno de esos seres puros, idealistas y creyentes, que suelen causar con su fe más mal y derramar más sangre con su idealismo, que los más brutales políticos y los más feroces tiranos”.
El arte de callar, la ciencia magistral de ocultarse a sí mismo, la maestría para observar y conocer el corazón humano. Trump es obvio como el mecanismo de un yoyó.
Calígula es recordado por su frase: «Dame un ejército de perros y yo conquistaré el mundo». Bastante parecido a Putin.
«Ten presente que los hombres, hagas lo que hagas, siempre serán los mismos», Marco Aurelio.
Papiniano: «Es mas fácil cometer un fratricidio, que defenderlo». Que lo piense Europa respecto EE.UU.
Una gavilla de consejos para inspirarse: «La lealtad es simplemente una cuestión de fechas», «El artificio es loable para engañar a un rival; debemos emplear todos los medios contra nuestros enemigos», y el clásico, «Simula y disimula».
«Siempre que aparezca en público, lo más a menudo posible, intente guiarse de manera irreprochable; un solo error es suficiente para manchar una reputación, y el mal es a menudo irreversible», Bréviaire des politiciens (1684) Trump se guía por unas coordenadas diplomáticas mucho, muchísimo más silvestres y brutas.
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Enkidu y Gilgamesh, Odiseo y Circe, Fausto y Mefistófeles (o Margarita), Leopold Bloom y Stephen Dedalus, Charles Swann con Odette de Crécy, Ada y Van, Heathcliff y Catherine, Abelardo y Eloísa, Fagin y Oliver Twist, Raskolnikov y Razumikhin, D’Artagnan y los mosqueteros, don Quijote y Sancho Panza, Heidi y Pedro. Y Teseo y Pirítoo, Aquiles y Pratoclo, Orestes y Pílades, Marx y Engels, Hölderlin y Schelling, Salinas y Guillén, Russell y Wittgenstein, Gödel y Einstein, Asterix y Obelix, Christian y su bonsai.
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-Me encanta tu carácter lógico, analítico y serio
-Boomerang, boomerang, ¡viva la numeración!

