Diario sin vida 5

LOS SAGITARIOS SON TREMENDAMENTE MELANCÓLICOS Y TIENEN MUY CLARO QUE DEBEN LUCHAR SIEMPRE POR CONSEGUIR SUS OBJETIVOS, AUNQUE, AL EVALUAR SU VIDA, ADVIERTAN QUE LA MAYORÍA DE ELLOS NO SE CUMPLIERON

Medianoche. Ronronea el gemido de una
música que debo convertir en poema.
Acecha el lenguaje como una familia americana
media, alzar la mesa o secar los platos y cubiertos,
y el lenguaje instrumental, pagado de su poca
importancia, cerca del vivir común.
Al menos tuve una hora de felicidad en esta
vida, minutos con rumores de mandrágora,
sombras acomodadas a ese tiempo de
“ritirata” dorado de una vieja gloria de Hollywood.
Caen de mis manos los brillos de la Luna.
Acechó la felicidad. A lo lejos, estrellas sagitarias.

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Un ejemplo moderno de la sabiduría práctica podría ser el «Almanaque del pobre Ricardo», de Benjamin Franklin, fuente del dicho: «Acostarse temprano, levantarse temprano, hace a un hombre sano, rico y sabio». No se trata de filosofía elevada y académica, pero es una especie (a qué dudarlo) de filosofía –y bastante actual.

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Pensando en Bach, “atrezzo” de manchas celestes que se incrustan dentro de mí.

“Information is not knowledge.
Knowledge is not wisdom.
Wisdom is not truth.
Truth is not beauty.
Beauty is not love.
Love is not music.
Music is THE BEST”, Frank Zappa.

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If (Rudyard Kipling)

“[…] If you can meet with Triumph and Disaster
And treat those two impostors just the same […]”

No te dejes llevar demasiado por las plumas de tu gorro. Tampoco te abandones en los momentos de fracaso. Aprecia ambos por igual. No siempre se gana. Otro tipo de filosofía mundana que prende en el lector común, simple, pero buena.

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No hay mayor triunfo que quedarse en casa escuchando a Bach en lugar de laburar.

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HISTORIA DE LA LITERATURA

Me veo entristecido a menudo por la
levedad y el olvido de mi obra mediocre.
¿Valió la pena? Pasar por un espejo,
y, al fondo, nada. En España se editan
alrededor de 60 mil títulos anuales,
unos 2´2 millones en el mundo.
Las musas se inundan bajo el limo.
La literatura es una habitación vastísima,
con ventanas y puertas a la calle, pero
con una escalera de paso obligado
que comunica a un cementerio. Las
palabras son un rabioso ejército fanático
estrellándose contra las rocas, vagabundas
ateridas de frío invernal, selva áspera
y fuerte que convierte en reliquia la vida.
La literatura trabaja en un sucio asilo.
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Saco de mi biblioteca “Schattenland Ströme”,
“Ríos de tierra sombría”, del poeta Bobrowski.
Caseríos perdidos, evocación de otros poetas,
recuerdos de la guerra, frases cortas, sencillas…
Aunque acaricie el libro e intente hacer mío
el tesoro de sus páginas, se mancha mi jubón
de tinta sin gloria. El libro no es inmortal,
cayó sobre él la pesantez del mundo y la usura.
¿Habrá gozo frente al fondo del valle de lágrimas?
¿Y qué música ante toda cosa? Nada y Silencio.

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De niño, entre los seis y diez años, tuve una especie de leucemia. Me apartó de mis compañeritos (no podía, entre otras cosas, practicar deporte), pero me dio los libros. A los trece años la bibliotecaria me confesó que no podía prestarme más libros «pues ya te los has leído todos».

Después vinieron décadas de psicólogos y psiquiatras, hasta mi primer (y casi fatal) infarto. Hoy estuve desde las tres de la mañana hasta las tres de la tarde, en el hospital. Me llevó la ambulancia. Falsa alarma (afortunadamente) Me desagrada tanto ser impúdico con estos post, como mi pésima salud.

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El arte de leer literatura aumenta la conciencia saludable. Su extrañeza nos expande. Los poemas te afirman, te dejan menos solo y más vivo. La literatura no puede definirse, se experimenta, como el dolor, la salud y el amor. La poesía es una verdad vista con pasión. Cuando la vida corrompe, cuando la vida te pudre, la literatura limpia.

Quizá cuando alguien me diga: «Dime, ¿qué es la salud?», pueda entregarle un buen montón de libros y decirle: «Con esto es con lo que más cerca podemos llegar a contestar a la pregunta».

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