
«Hala Madrid», leemos en: Bestiaires médiévaux: Nouvelles perspectives sur les manuscrits et les traditions textuelles. Actes du XVe colloque international de la Société Internationale Renardienne, Louvain-la-Neuve, 18-22 août 2003, B. Van den Abeele (ed.), Louvain-la-Neuve, 2005, p. 141.
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A Lama lo comparan con Harry «Conejo» Angstrom, pero a quien más se parece es a San Antonio de Padua, a quien se le apareció Vinicius en un partido de curling, mientras una tormenta caía alrededor de los madridistas, y él los llamó y, milagrosamente, permanecieron todos sin mojarse.
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«Em va fer gràcia comprar per 8 euros un estripat exemplar de «Centinela de Occidente», un panegíric de Franco fet pel senyor Luis de Galinsoga i que esdevingué tan famós pel seu anticatalanisme ferotge i barroer com per la seva adulació al dictador», J. Laporta.
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Diego de Torres Villarroel, ejerció mil oficios: escritor, poeta, catedrático de matemáticas, sacerdote, especialista en astrología y ocultismo, adivino, buzo, actor de pelis de serie B, ajedrecista profesional, autor de almanaques y lateral derecho de la Cultural Leonesa.
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El síndrome de Alicia en el país de las maravillas (AIWS, por sus iniciales en inglés) es un trastorno neurológico, antecedente de la micropsia, que afecta a la percepción visual. Ven penaltis por todas partes, ven goles injustamente anulados a diestro y siniestro.
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Trabajé como fabricante de vitrales emplomados. Poco después me dediqué a leer la Patrología de Migne («Patrologiae Cursus Completus, Series Graeca») Son 161 volúmenes más un índice adicional, editados entre 1857 y 1866. Un peñazo. Un truño. Prefiero un Osasuna-Español.
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La bibliotecaria de Filadelfia Susan Horn fue una importante ladrona de libros. En 1997 hallaron en su apartamento 6.000 volúmenes que había sustraído del acervo que custodiaba en su trabajo ¡Ni el Barça con Negreira!
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Artemidoro, autor del más antiguo tratado de interpretación de los sueños que se conoce, mencionó sueños donde se comen libros: «Soñar con comer un libro es bueno para personas instruidas, para sofistas y para rétores». Yo sueño con Poli vestido de lagarterana de la Finojosa.
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Gallud Jardiel llamó a devorar los libros con prisa y ansiedad, » bibliopepsia», que es una enfermedad que define asimismo como «propensión a la lectura apresurada, fragmentada y sin aprovechamiento». Así yo leí «Guerra y paz», algo sobre Rusia, si no recuerdo mal. Maldini es un «pallapépsico».
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Sir Thomas Phillips, anticuario británico, reunió la mayor colección de material manuscrito en el siglo XIX d. C., debido a su severa condición de bibliómano. Acumuló cerca de 40.000 ejemplares de libros y 60.000 manuscritos. Un as, como Messi.
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Debe identificar ese impreso «sine notis». Sufro una disposofobia libresca. El reverendo Dibdin, coadjutor en Kensington, escribió «The Bibliomania or Book Madness. Containing some account of the History, symtomns, and cure of this fatal disease». Más lindo que un gol en el último minuto.
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¡RASO AMARILLO A A CAMBIO DE MI VIDA! No me apetecen mucho los pases y regates de Mbappé; tiendo mucho más al estudio de la metodología catalográfica descriptiva propuesta por la «Library of Congress» en su «Descriptive Cataloging of Rare Books».
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Leeré el «De fide sanctae Trinitatis», de Alcuino, los trece libros de «Lo crestià», de los que parece que Eixemenis solo compuso cuatro, y a Pedro Coméstor, discípulo de Pedro Lombardo. Qué vida más ilustrada, ¡y en estos tiempos de hornillos, fogones, balones, periodistas deportivos y VAR! He estado leyendo «Lógica matemática y computacional», de Carlos Jiménez de Parga, «Time and Modality», Oxford University Press, de A. Prior (basado en sus lecturas John Locke en 1956) y «La lógica y su filosofía», de Quesada. Francamente queridos, me importa un bledo el fútbol.
