Tractatus 10

Vibra, movido por el aire, como campanillas de esos trineos que se alejan, esa mítica Eriácea, llamada «Andromeda polifolia», nombre que procede del griego «polios», grisáceo, y del latín «folium», hoja, refiriéndose al color del envés de sus hojas. Su nombre genérico procede de la mitología griega. Andrómeda era la hija del rey de Etiopía Cefeo y de la reina Casiopea [para más datos sobre el mito consúltese: Falcón. C, et al. «Diccionario de la mitología griega», 3ª edición, Alianza, Madrid, 2013. Pag. 77] Por el espejo retrovisor de mi biblioteca, hechizado y tranquilo, encuentro que Linneo ya nominó a la «Andromeda polifolia» en su viaje a Laponia. Consultando el volumen, «Flora ornamental española», Vol III, Mundiprensa, Sevilla, 2000, pag. 134, coordinado por el botánico Lorenzo Sánchez de Cáceres, me informo que la «Andrómeda» es propia del centro y norte de Europa, además del Sur de los Alpes, este de los Cárpatos y SC. de Rusia, contando también Asia. Un pequeño arbusto de hasta 40 cm de altura, con muchos tallos ramosos tendidos; hojas lineares, con sus bordes revueltos, de color verde oscuro por el haz y glaucas por el envés. Flores en umbelas, cáliz teñido de rojo y la corola, de color blanco a rosa pálido. Florece de mayo a julio y necesita suelos turbosos, ácidos, húmedos y medio sombríos.

Centellea en mi mente el camino helado y bello de los eruditos, esos senderos de diamantes produciendo un estilo que parece deslizarse a través de la hierba y de las flores hacia la cálida piedra plana sobre la que se enroscan las palabras, los libros, el saber.

Escribo, y pienso: «Mucha literatura hay en todo esto».

Deja un comentario