Tractatus 9

Se pueden hacer muchas cosas con las palabras: prometer, asegurar, garantizar, pedir, rogar, ordenar, aconsejar, afirmar, constatar, explicar, felicitar, agradecer, complacerse, perdonar, insultar, bautizar, casar, inaugurar, bromear, contar chistes, mentir, calcular, hacer literatura, razonar, embaucar, persuadir…

Mi mente se pone en movimiento en dos direcciones, como poseída por una doble personalidad, a lo Dr. Jekyll y Mr. Hyde. En mi vida ordinaria me gusta producir y evaluar argumentos, y pretender que éstos sean persuasivos, por lo tanto, sustentar mis aserciones CON BUENOS ELEMENTOS DE JUICIO. A mi ver, una opinión bien fundamentada es aquella cuyo origen tiene tres fuentes: (i) la información científica (ii) los hechos (iii) y la razón o lógica. Al contrario, una idea mal sustentada es aquella que tiene como fuentes, o bien la tradición, o la revelación, o la intuición, o el sueño, o la autoridad, o la emoción.

Pero lo que me pirra es hacer literatura en lugar de razonar. Giros del idioma, tropos y figuras de la retórica que usurpan el lugar de las verdades. Aquí es lícito exagerar, mentir, los paralogismos y sofismas, no ir al grano, buscar el patrón melódico en vez de la limpieza y claridad conceptual, ser borroso y vago y ambiguo, llamar la atención sobre la forma y despreciar el fondo, en resumen, ténicas de persuasión emocional (agradecer, retener la atención, impactar benevolentemente, mostrar compasión y gratitud y amor, y asombro y serenidad y admiración, pero también provocar, epatar, dar asco, soliviantar, injuriar…) técnicas lingüísticas con fines emotivos donde se sustituyen las pruebas y el rigor por el encanto o la electricidad estética (del latín moderno aesthetica, y este del griego [ἐπιστήμη] αἰσθητική [epistḗmē] aisthētikḗ «[conocimiento] que se adquiere por los sentidos, por la sensación») La literatura es belleza, sensibilidad ante la preciosidad de las palabras, las oraciones, y los periodos, verdad privada y sabiduría subjetiva. El razonamiento son reglas para no manchar el discurso de falacias: empirismo con propensión objetiva.

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