Tractatus 24

Frente al tropismo psicológico taylorista o estajanovista, el auxilio de los libros.

Carl Sagan, Cosmos, Parte 11: The Persistence of Memory,1980:

«Cómo no asombrarse frente a un libro. Un objeto plano nacido de un árbol con partes flexibles en las que están impresos montones de graciosos garabatos oscuros. Pero, con solo hojearlo, uno se encuentra dentro de la mente de otra persona, tal vez de alguien muerto hace miles de años. A través de los siglos o milenios, un autor remoto te está hablando clara y silenciosamente directamente a ti. La escritura es quizá el mayor de los inventos humanos, pues une a personas que nunca se conocieron, ciudadanos de épocas distantes. Los libros rompen las cadenas del tiempo. El libro es la prueba de que el ser humano es capaz de hacer magia».

Los libros tienen la misma belleza que esas marañas de ramitas verdes y desnudas, robustas, cortadas por su borde, con una banda transversal de color crema brillante.

Libros, pasión y perdición de mi vida. Con el lomo que cubre el cosido o encolado de los pliegos, con la sobrecubierta, denominada también «camisa», y que se trata de una funda de papel resistente, plastificado o cartulina colocada sobre las cubiertas a modo de protección. Libros, lago oblongo incrustado en el oro del asfalto. Agujero espatulado a través del cual se ven los cielos del Dante. Humedad blanca y tentacular con letras impresas color betún.

Francisco Cutanda, escritor, bibliófilo y académico, escribió una carta prólogo con unos «Consejos, o sea decálogo de un colector de libros» dirigidos al marqués de Morante aún reconociendo que aconsejar era oficio de pobres y -añadía- de necios «nueve de las diez veces, y siempre que el consejo no es pedido y no hay posibilidad de que se siga». Lo hizo utilizando el seudónimo de «Alejandro Mendiburu» en el segundo tomo del «Catalogus librorum doctoris D. Joach. Gomez de la Cortina, March. de Morante, qui in aedibus suis exstant, I-IX. Matriti: apud Eusebium Aguado», 1854-1870.

El marqués, que hacía grabar en sus tapas el escudo y la leyenda «J. Gómez de la Cortina et amicorum – fallitur hora legendo» aunque no prestaba libros a sus amigos y «solamente legendo esa horita en la biblioteca podían disfrutarlos», no prestó atención a todas las advertencias, como temía su «consejero», pero tal vez sirvan de orientación a quien tenga, o pretende tener, una biblioteca de lector o una biblioteca de bibliófilo:

Consejos, o sea decálogo de un colector de libros.

1.- Serás parco en adquirir; mira que una librería muy numerosa, de medio, de instrumento de saber, pasa a ser impedimento; repara que un hombre no es un museo, ni tampoco una Biblioteca, y a cada libro que compras cuasi-contraes la obligación de leerlo.

2.- No te fíes de catálogos ni de boletines, mira que todos sus encomios de libros prueban en sus autores casi infinito deseo de no tenerlos.

3.- Piensa siempre en que una es la bibliografía del librero y otra la del literato; que la una distrae de la otra, y que esta otra es mas lucida y sustanciosa que aquella una.

4.- Piensa en tus novísimos y postrimerías, es decir, en la brevedad de la más larga vida humana, y no atesores muchos más libros de los que podrás disfrutar. Considera lo que fue de la Biblioteca del Duque de la Valliere, de la de Mr. Hebert, de la de Mr. Renouard, de la de Luis Felipe, de la del Infante D. Gabriel, de la del Príncipe de la Paz, de la de Böhl de Faber.

5.- No adquieras tantos libros de una especie que te cause vergüenza el carecer de los muchos que siempre te han de faltar; esto es vivir pobre entre riquezas y mártir entre delicias; mira que ninguna colección ha llegado a ser completa.

6.- Viste magníficamente sólo aquellos libros que nunca hayas de leer ni consultar, los que destines a pasar de libros a relicarios; y decente, pero modestamente, los que hayan de continuar sirviéndote y a tus amigos.

7.- Usa de tus libros procurando extraer de ellos uno más, y ese bueno.

8.- No tengas dos libros enteramente idénticos, no te parezcas a cierta señora, que en prendándose de un vestido o de un pañuelo compraba la pieza.

9.- Nunca pagues por un libro lo que pueda bastar para adquirir mil mejores; a no ser que sepas de alguno en que se encierre toda la ciencia y toda la felicidad.

10.- No seas tu propio bibliotecario, ni hagas por tu mano el índice de tus libros.

NOTA BENE: Lean: «La biblia de los bibliófilos» de Víctor Infantes, o «Los libros de casa: formación y cuidado de la biblioteca» de Fernando Huarte Morton, o a Fernando Mendoza: «La pasión por los libros. Introducción a la bibliofilia», para más concertados consejos, a seguir o, tal mi caso, negar.

Deja un comentario