Tractatus 27

Con frecuencia tengo la sensación de estar fuera del mundo. Casi nunca, aunque me lo proponga firmemente, soy capaz de anticipar las reacciones ajenas, entrar y conocer los intereses populares, sus prelaciones, valores, modos y manías. Quienes pueden hacerlo, y más aún quienes son capaces de ganarse la vida con ello, me producen una admiración que linda con el estupor. Yo solo estoy bien en este mundo dentro de mi biblioteca. Solo me es familiar, insisto, mi biblioteca. Mientras escribo esto, a mi lado está el volumen de Benedetto Varchi: «Lección que hizo Benedicto Varqui en la Academia florentina en tercer domingo de Quaresma del año 1546. Sobre la primacía de la artes, y qual sea más noble, la escultura o la pintura. Con una carta de Michael Angelo Buonarroti, y otras de los más célebres pintores y escultores de su tiempo sobre el mismo asumpto. Traducidas del italiano por don Phelipe de Castro, primer escultor de Cámara de S.M. director principal de la escultura del nuevo real palacio, director de la Academia de S. Fernando de las tres bellas artes, académico romano y florentino, y entre los arcades de Roma Gallesio Libadico. Quien lo dedica al excmo. señor don Joseph de Carvajal y Lancaster, etc., Madrid, en la imprenta de don Antonio Bieco», 1753, 210 páginas. Octavo, encuadernado en pergamino original sobre cartón. Ignoro olímpicamente los trabajos y días de la gente: criptomonedas, hijos, gustos irrenunciables , el Real Madrid, o las vacadas de autos de hoy cruzando España.

Mis gustos librescos me apartan del mundo. Mi raza es la de los bibliófilos, de los bibliómanos y los locos. Como el peruano José Durand. El profesor Monguió recuerda la pasión de José Durand por los libros:

«La colección de obras de los siglos XVI y XVII, sobre todo españolas e italianas, en su biblioteca particular, acompañadas de numerosas rarezas de los siglos XVIII y XIX, son las delicias (y la envidia) de cualquier estudioso. Visitar con Pepe una librería anticuaria o una buena biblioteca en venta era una lección en bibliofilia. Curiosear junto a él en una tienda de libros viejos era observar el arte de descubrir, entre montañas de morralla, el peculiar legajo, el pliego de cordel, el folleto o el libro raro»

Transfigurando a Nabokov puedo afirmar: «He cazado libros en diversos climas, países y con distintos disfraces: como guapo estudiante londinense con chaqueta de tweed y corbarta de lazo windsor, como larguirucho expatriado catalán y cosmopolita con pantalones anchos de franela, paraguas y boina; como gordo cardiópata de calzón corto, pronta fatiga, y cabeza descubierta. He pisado librerías de viejo llenas de ácaros y caoba como un fantasma cruza secretos pasadizos en un castillo».

Puede ser una imagen de texto que dice "LECCION, QUE HIZO BENEDICTO VARQUI la Academia Florentina el tercer mingo Quarefma del año SOBRE LA PRIMACIA DE LAS ARTES, y qual mas noble, la Efcultura, òla Pintura. CON UNA CARTA DE MICHAEL ANGELO BUONARROTT, otras de los mas cèlebres Pintores, Efcultores de fu tiempo fobre el mifmo affumpto. TRADUCIDAS DEL ITALIANO POR DON PHELIPE CASTRO Efcultor Camara M. DireEtor princi- del nueo Real alacio Director la Academia de S. Fernando las tres Academico Romano,y Florentino los Arcades Roma Gallefic QUIEN LO DEDICA AL EXCmo. SEñOR DON JOSEPH de deCarvajál, Lancafter, &c. Licencia. En Madrid: Imprenta Eugenio Bieco. Año"

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