Tractatus 30

FELIZ DÍA DEL LIBRO

«Les livres anciens sont pour les auteurs, les nouveaux pour les lecteurs», nos recordó Montisqueau en «Pensées diverses». Si la diversidad es fuente de asombro, su contrario, la omnipresente cultura moderna anodina, amorfa y singularmente genérica, da por sentado un entorno empobrecido y fuente de consternación. Regálenme libros antiguos, con olor a almizcle, madriguera y oloroso musgo. Permítanme grabar en el dintel de mi biblioteca: “καὶ οὗτος ἄρα καὶ ἄλλος πᾶς ὁ ἐπιθυμῶν τοῦ μὴ ἐτοίμου ἐπιθυμεῖ”. Regálenme, que se lo agradeceré de corazón:

1. La traducción del Decamerón publicada en Medina del Campo, 1543, por Pedro de Castro, conforme a la edición incunable de Estanislao Polono y Meinardo Ungut realizada en Sevilla, 1496, con el título: «Las C nouelas de Juan Bocacio». También valdrían las de Valladolid, 1539 y 1550.

2..-«La Ulyxea de Homero, traduzida de griego en lengua castellana por el secretario Gonçalo Pérez, nueuamente por él mesmo reuista y emendada, impressa en Venetia, en casa de Francisco Rampazeto», 1562, que es la versión completa y definitiva del helenista aragonés, tras las sugerencias de Juan Páez de Castro y el cardenal Mendoza y Bovadilla.

3.- «La Historia de las cosas más notables, ritos y costvmbres del gran Reyno de la China, sabidas assí por los libros de los mesmos chinas, como por relaçión de otras personas y religiosos que han estado en el dicho Reyno», de Juan González de Mendoza, publicada en Roma, 1585, a costa de Bartolomeo Grassi en la estampa de Vincentio Accolti. También valen otras de esos años, como las de Madrid, Valencia o Barcelona.

4. González Valls, Mariano, «El caballero de la almanaca, novela histórica escrita en lenguaje del siglo XIII, por Don Mariano González Valls. Publicada a expensas de Su Majestad», Madrid, 1859.

Folio marquilla (345 x 265 mms). Encuadernación heráldica original del taller de Miguel Ginesta de Haro (sucesor de Miguel Ginesta Clarós) en chagrín marrón con doble hilo dorado que encuadra un diseño geométrico gofrado sobre ambos planos, supralibros central con el escudo de Isabel II en oro, cortes dorados, ruedas en contracantos, lomo nervado con título estampado en oro, florones gofrados y firma del encuadernador (GINESTA) en su base. Sello de tinta de antiguo propietario en la anteportada. Algunos ejemplares añaden antes de la dedicatoria a la reina una dedicatoria en verso al futuro Alfonso XII en el primer aniversario de su nacimiento, que entiendo sea variante en la edición y no deficiencia en este ejemplar, dada su encuadernación.

5. Ceán Bermúdez, Juan Agustín, «Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España. Compuesto por D. Juan Agustín Ceán Bermúdez y publicado por la Real Academia de S. Fernando», Madrid, en la imprenta de la viuda de Ibarra, 1800.

Seis volúmenes en octavo, encuadernados en holandesa con planos, guardas y cortes jaspeados a juego, y lomos nervados sin tejuelos, con la identificación grabada en oro directamente sobre la piel. Todos ellos con su propia portada con el emblema de la Academia grabado, precedida de anteportada con identificación del tomo. Sobre las guardas, etiquetas antiguas de librería en distintos colores.

Los libros antiguos son hipnóticas libélulas, crenchas de ojos de ángel, laja y nube en la densa biblioteca, piedras y cojines ardiendo por donde asoman las letras que mascan semillas para el alba, ovejas solitarias balando entre vitrinas y baldas, el significado y propósito de la vida.

***

Los libros pueden hacer pasar un rato agradable, al igual que el smartphone. La literatura pocas veces se escribió para hacer disquisiciones intelectuales de alto vuelo. A la principal y más numerosa familia lectora le basta con el simple entretenimiento.

El público lector se divide en dos clases antagónicas e irrenconciliables: aquellos con una sólida formación literaria y los que carecen de ella. Mi percepción es que el público tiende (aceleradamente) al gusto por una literatura cada vez más pobre, chinga y vanilocuente. Pero, ay, consolémonos: «No hay libro malo que no contenga algo bueno», Plinio el Viejo.

***

La gente no se avergüenza de ignorar. Nuestros líderes son irreflexivos y con creencias infantiles. No fue el caso de Shakespeare: «Me, poor man, my library / Was dukedom large enough».

Ah la extraña magia de los libros: «Hasta entonces había pensado que cada libro hablaba de las cosas que están fuera de los libros. Ahora me daba cuenta de que no pocas veces los libros hablan de los libros: es como si hablaran entre ellos. A la luz de esta reflexión, la biblioteca me pareció aún más inquietante. Era entonces el lugar de un largo murmullo de siglos, un diálogo imperceptible entre un pergamino y otro, era un ser vivo, un receptáculo de poderes que no pueden ser gobernados por una mente humana, un tesoro de secretos emanados por muchas mentes, que sobreviven a la muerte de quienes los han producido o han sido sus transmisores…», U. Eco.

***

Al hilo de nuestra lamentable actualidad política me quise evadir recordando los grabados que ilustran las ediciones parisinas de las «Relaciones» de Antonio Pérez. Y me resultó familiar un cargo que se hizo contra él:

“Que teniendo poca hacienda al tiempo que comenzó a ejercer su oficio de secretario, después acá que lo ha tenido y ejercido, a causa de las muchas dádivas y presentes que ha recibido se ha podido tratar y se ha tratado espléndida y costosamente, en su casa y fuera de ella, teniendo muchos criados y caballos, acémilas y coches para su servicio, edificando casas, haciendo banquetes, jugando cuantiosa y constantemente mucho dinero, gastando ordinariamente en cada año (según la común estimación) ocho o diez mil ducados; y con esto está muy rico y tiene mucha hacienda en casas, juros, alhajas, joyas y preseas, y ha podido emplear y ha empleado en censos más de cincuenta mil ducados, haciendo los contratos y poniendo los dichos censos para más disimulación en cabeza de tercera persona, en todo lo cual ha dado mucha nota, escándalo y murmuración al pueblo en gran deservicio de su majestad y poca reputación de sus ministros”.

La realidad. Hoy, día del libro, alejémonos de la pestilente realidad con Onetti, Amiano Marcelino, Borges, Flaubert, Auden, Bocángel o Moses ben Jacob ibn Ezra. Feliz día del libro.

Deja un comentario