Tractatus 31

(Descripción de mi locura)

Los juicios de Dios u ordalías eran frecuentes en la Edad Media y se utilizaban como prueba judicial. Además de la prueba del fuego, existía la del agua. Ambas servían para demostrar que nada se tenía que ver con las malas artes de la brujería. La prueba del fuego consistía en someter al acusado a caminar sobre brasas o meter la mano en fuego, mientras que la prueba del agua implicaba ser sumergido, con la creencia de que Dios permitiría que un inocente no se hundiera o no sufriera quemaduras.

Me acuso Señor de loco y de bruja. De mi gangrena lunar entre estambres oscuros. De la congelada saliva debajo de mi silencio. Del pacto con Lucifer.

[Sea A el conjunto de sonidos de un universo dado U. Sea B el conjunto de proferencias o signos gestuales o textuales de un universo dado U*. Mis esquizofrénicas ideas de alusión o referencia consisten en creer que hay un subconjunto de A, A´, y de B, B´, cuyos elementos me aluden, se dirigen a mí, son actos intencionales en lugar de actos espontáneos de la naturaleza. Si A y B son vacíos, sin elementos, (A=B= ∅), puesto que A´⊆A y B´⊆B, entonces tanto A´como B´son vacíos, a saber, son conjuntos sin elemento alguno (una manera alternativa de decirlo es que la unión de U con U* también es vacía, no hay por lo tanto estímulos sonoros, ni textuales, ni sígnicos en el universo) Pues bien, tal estado de cosas también lo interpreto alusivamente, como un “falso silencio”, “un silencio expectante”, “un silencio artificial”, en lugar del silencio natural propio del funcionamiento real del mundo. Delirar es como jugar con los dados trucados, apostar a caballo ganador. En conclusión: no puedo no delirar. Dada cualquier secuencia de cosas que hay, no es que éstas sean no susceptibles de desmentido, es que son exclusivamente susceptibles de corroboración y verificación. Vives enjaulado dentro de la locura sin posibilidad de escape o fuga.

Además de estos delirios de referencia, sufro delirios de persecución, perjuicio y alucinaciones]

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Kafka: “A veces siento que comprendo la Caída del Hombre mejor que ningún otro”. Me desorganizo como un vómito en mitad del salón de la princesa de Polignac en el Hôtel Crillon de París. Un vagabundo subrepticio metido en salones lujosos y cómodos de época victoriana.

Rozo la aureola del martirio, de la falta de voluntad, del alma írrita. No me yergo en la tempestad. En la basílica de San Pedro, frente al altar de la Confesión, Canova representó a Pío VI de rodillas, absorto en la oración. El P. Morcelli, en la inscripción que redactó por orden de Pío VII, dice de Pío VI: “Magno in adversis animo vim invictus pertulit et regno spoliatus auctoritatem non amisit”.

Me acuso Señor de pecador y loco. Del chisporroteo de la bacteria tísica en mis pulmones. De los mejillones azul cuervo coloreando mi sangre. De las ratas que trepan por mi linfa como el chasquido de un rifle.

[i. Creo en mis delirios porque tienen exactamente el mismo grado de presentación en mi mente que las verdades matemáticas o los datos de los sentidos. Con su misma viveza, incorregibilidad, claridad diáfana, transparente distinción, rocallosa y definitiva certeza. A este efecto le llamo “bomba epistémica o creencial” de la esquizofrenia.

ii. Con mi encéfalo en “encendido esquizofrénico”, ¿qué ocurre? Mi encéfalo, valga la metáfora, es como un programa antivirus que genera los mismos virus que debiera eliminar. A este efecto le llamo “bomba lógica” de la esquizofrenia

iii. Los delirios no son neutros emocional o existencialmente. No son como las ideas de triángulo o mamífero. Están nimbados de tensión o angustia (por lo general) A este efecto le llamo “bomba pesadilla” de la esquizofrenia.

iv. En mi caso una gran felicidad o una gran desdicha son la vía regia a la locura y el brote. Si estoy eufórico o abatido salgo disparado de la realidad al País de Nunca Jamás. A este efecto le llamo, respectivamente, “bomba hedónica” y “bomba melancólica” de la esquizofrenia]

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El arte, los libros, la ciencia, mamá, fueron -son- redención. Los preparativos de una aristocrática “dinner party”. Un ómnibus de caballos. El salón de música del Royal Pavillon, decorado con finas columnas torneadas a ambos lados de la puerta, con un baldaquín ricamente guarnecido sobre la misma y adornos florales de todas clases; hasta la araña que pende del techo tiene la forma de una flor exótica. Por fuera, el edificio recuerda un palacio hindú; por dentro evoca una China de fábula. Redención por Hilbert, K. Menger, Neurath, Horacio, y el “Libri quattuor sententiarum ” de Pedro Lombardo, y por esa joya de la cristalografía azul, por esa delicadeza Garamond que es el “De laudibus eloquentiae. Commentum in Ciceronis Oratorem», de Ognibene Bonisoli, Vicenza, 22 diciembre 1476, “che testimonia l´interesse quattrocentesco per la classicità aurea”. Redención.

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Jornada de Liga. Terror, esa forma intensa de miedo, que puede estar justificado por una amenaza real, acompañado de palpitaciones, despersonalización, desorganización en el pensamiento y el habla, sudoración y temblores (Ver Lyness JM, Lee HB. «Psychiatric disorders in medical practice». En: Goldman L, Cooney KA, eds. Goldman-Cecil Medicine. 27th ed. Philadelphia, PA: Elsevier; 2024: cap. 36, pag. 612)

Prefiero leer «De Nola. Opusculum. Distinctum Plenum Clarum Doctum Pulcrum Verum Grave Varium et Utile», de Ambrogio Leone, Venezia, Giovanni Rosso, 1514.

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