Automoribundia 6

Amiel: “¿No volveré a tener algunos de aquellos ensueños prodigiosos, como los tuve en otro tiempo?…Un día de mi adolescencia, al amanecer, sentado sobre las ruinas del castillo de Faucigny; otra vez, en la montaña, bajo el sol de mediodía, encima de Lavey, acostado al pie de un árbol y visitado por tres mariposas; una noche, también sobre la tierra arenosa del mar del Norte, tendido boca arriba y los ojos errantes sobre la Vía Láctea…Visiones grandiosas, inmortales, cosmogónicas, en las que se lleva el mundo en el pecho, en las que se toca las estrellas, en las que se posee el infinito…Momentos divinos, HORAS DE ÉXTASIS en que el pensamiento vuela de un mundo a otro, penetra el gran enigma, respira ampliamente, sosegadamente, profundamente, como la respiración del océano, sereno y sin límites como el firmamento azul”, Henri-Frédérique Amiel, Fragments d´un journal intime, pág. 49.

Todo acaba en ciudades devastadas. Toda ruina nos defiende de una ruina mayor. Se acerca mi invierno, mi último sueño. El único argumento de la obra es: «envejecer, morir». Ya tengo decidido el ritual de mi muerte; al llegar, me limitaré a pensar con Fletcher:

CARE-CHARMING SLEEP, THOU EASER OF WOES,

BROTHER TO DEATH, SWEETLY THYSELF DISPOSE

ON THIS AFFLICTED PRINCE.

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