Automoribundia 10

(Solitudinis IV)

«Prefiero sentarme en una calabaza, y tenerla toda para mí, que estar apiñado en un cojín de terciopelo», Thoreau.

«A veces estoy tan inmerso en mi propia compañía que, si me encuentro inesperadamente con alguien que conozco, es un poco chocante y tardo algo en adaptarme», Ibn Mu’adh al-Jayyani.

«Encerrado en una habitación, mi imaginación se convierte en el universo. El resto del mundo se lo pierde», F. Zappa.

«Yo era un hombre que prosperaba en soledad; sin ella, era como cualquier hombre. Cada día sin soledad me debilitaba. No me enorgullecía de mi soledad, pero dependía de ella. La oscuridad de la habitación era para mí como la luz del sol», Bukowski.

«La soledad es a veces la mejor sociedad. Ahora vivo en esa soledad que es dolorosa en la juventud, pero deliciosa en los años de madurez», Hermann Minkowski.

«Por ahora no necesitaba pensar en nadie. Podía ser ella misma, por sí misma. Y eso era lo que a menudo necesitaba: pensar; bueno, ni siquiera pensar. Estar en silencio, estar sola. Todo el ser y el hacer, expansivo, brillante, vocal, se evaporaba; y uno se encogía, con una sensación de solemnidad, al ser uno mismo, un núcleo de oscuridad en forma de cuña, algo invisible para los demás… y este yo despojado de sus ataduras era ya libre para las aventuras más extrañas», V. Woolf, «Al faro», pág. 69.

«La soledad es la independencia. Fue mi deseo y con los años lo había conseguido. Hacía frío. Oh, ¡bastante frío! Pero también estaba quieto, maravillosamente quieto y vasto como la fría quietud del espacio en el que giran las estrellas», H. Hesse, «El lobo estepario», pág. 222

«Considero que ésta es la tarea más elevada de un vínculo entre dos personas: que cada una de ellas vigile la soledad de la otra», Rilke, «Cartas a un joven poeta», pág. 59.

«Hallar el sentido. Distinguir la melancolía de la tristeza. Pasea. No tiene por qué ser un paseo romántico por el parque, o en la primavera en su momento más espectacular (flores y olores e imágenes poéticas excepcionales que te trasladen suavemente a otro mundo) No tiene por qué ser un paseo durante el cual tendrás múltiples epifanías vitales y descubrirás significados que ningún otro cerebro ha conseguido encontrar jamás. No, no tengas miedo de pasar tiempo de calidad contigo mismo. Encuentres significados o no los encuentres, «roba» siempre algo de tiempo y dedícalo libre y únicamente a ti mismo. Opta por la intimidad y la soledad. Eso no te convierte en antisocial ni te hace rechazar al resto del mundo. Pero necesitas respirar. Lo necesitas», Camus, «Diarios. 1951-1959», pág. 114.

«Guarda bien tus momentos solitarios. Son como diamantes en bruto. Deséchalos y nunca conocerás su valor. Mejóralos y se convertirán en las gemas más brillantes de una vida valiosa, útil y libre», Emerson.

«Sufro por la vida y por los demás. No puedo mirar la realidad cara a cara. Incluso el sol me desanima y me deprime. Sólo por la noche y completamente solo, retraído, olvidado y perdido, sin conexión con nada real o útil, sólo entonces me encuentro a mí mismo y me siento reconfortado», Pessoa, «Libro del desasosiego», pág. 399

«Vivimos, de hecho, en un mundo hambriento de soledad, silencio y privacidad: y, por tanto, hambriento de meditación y verdadera amistad», C.S. Lewis.

«Consiguió que le consideraran totalmente invisible y carente de interés. La gente le dejaba en paz. Y eso era todo lo que él quería», P. Suskind, «El perfume», pág. 113.

«Cuando eres socialmente torpe, estás más aislada de lo normal, y cuando estás más aislada de lo normal, tu creatividad se ve menos comprometida por lo que ya se ha dicho y hecho. Toda tu esperanza en la vida empieza a depender de tu oficio, así que intentas perfeccionarlo. Una de las razones por las que me aíslo más que la media de la gente es para mantener mi creatividad lo más bravía posible. Ser la rara puede tener sus desventajas temporales, pero lo más importante es que tiene sus ventajas permanentes», Tal Nitzán.

Leer es encontrar, en aquello próximo a nosotros, elementos que nos sirvan de forma plausible para sopesar y dirimir, para insinuar y razonar, y que nos llena de la convicción cierta de que somos una naturaleza libre de tiranías, nunca lacaya, con elegante aprecio por su soledad. «Aprecio por la soledad», Steiner:

«El acto de leer es profundamente solitario. Separa al lector del resto de la habitación. Sella la totalidad de su conciencia detrás de los inmóviles labios. Los libros amados son la sociedad necesaria y suficiente de los solitarios. Estos cierran la presencia de intrusos. En resumen, en el acto de la lectura hay una furiosa intimidad que clama silencio».

El silencio y la soledad son las puertas y ventanas de Dios, donde a menudo se cuela el diablo.

En mi soledad hay sinceridad sin verdad.

En el mundo hay que elegir entre la soledad y la vulgaridad. No es elitismo, sino craso empirismo, el apotegma de Voltaire: «La terre est couverte de gens qui ne méritent pas qu´on leur parle», «La tierra está llena gente a quien no merece la pena dirigirle la palabra». Cantad y danzad, misántropos del planeta, soñad conmigo…

Sobre el ágora de Atenas, o en las colinas de Roma, o sobre el muro Jerusalén, pispea tu soledad. Que indague también el universo.

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