Automoribundia 9

(Solitudinis III)

«Para comprender el mundo, en ocasiones hay que alejarse de él y meditar en soledad. Solo así aprendes cosas secretas, inaccesibles a la multitud y al tumulto, la fuerza de lo original, la belleza desconocida e incluso peligrosa, los ragos poéticos del todo. Pero también de lo contrario: el aire de lo perverso, de lo ilícito, de lo absurdo. Busca, amigo, la soledad, necesitas estar solo. Reflexionar sobre tu vergüenza y el sentido, sobre el sol y su reflejo en los adoquines de las calles, sobre la Luna, sin compañía, sin conversación, cara a cara contigo mismo, sin conversación, con la única compañía de la música de tu mente», Henry Darger.

Artistas solitarios, como Miquel Bauçà, David Wojnarowicz o Henry Darger. Henry Darger, un conserje de oficio, desconocido y aislado durante toda su vida, pero que alcanzó la fama póstumamente después de que, poco antes de morir, encontraran una colección de 350 acuarelas en su apartamento de Chicago. Autor de la ficción más extensa que se haya escrito, «La historia de las Vivian», con 15.145 páginas, se convirtió en uno de los más destacados ejemplos del arte marginal. “Darger era un artista extraño –opina Olivia Laing-, un huérfano que tuvo una infancia brutal, no tuvo amigos ni familiares y vivió toda su vida en una gran pobreza. Y, sin embargo, las pinturas que hizo son extraordinarias, luminosas y fascinantes. La gente suele decir que estaba lleno de ira, pero cuanto más tiempo pasaba leyendo sobre él, más claro me quedaba que su soledad era el resultado de la pobreza y la exclusión social”.

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«Solo soy yo en el silencio y la soledad; la taza de café, la mesa, los bolígrafos. Cuánto mejor es sentirme solo como el ave marina solitaria que abre sus alas en puerto. Dejadme sentarme aquí para siempre con las cosas desnudas, esta taza de café, este cuchillo, este tenedor, este plato sopero, este flexo, este lápiz, cosas en sí mismas, siendo yo mismo. Disfruto mi soledad. Viaja solo en tren a lugares donde nunca he estado. Duermo solo bajo las estrellas. Voy tan lejos que dejo de tener miedo de no volver. Digo «sí» a mis instintos más salvajes, aunque todo a mi alrededor esté en desacuerdo. No quiero encajar, sino saber, experimentar, replegarme en mi yo más íntimo. A veces es un camino de amargo sufrimiento. Pero nuestra soledad se supera, y ya no estamos solos, porque descubrimos dentro lo indivisible, lo indistinto, evitando el falaz ser múltiple», François Augiéras.

[De la Wikipedia]

François Augiéras era hijo de Pierre Augiéras, pianista francés de renombre, su madre pintaba porcelana y era de origen polaco. Pierre Augiéras, se instaló en Estados Unidos por razones profesionales, murió de apendicitis dos meses antes del nacimiento de su hijo. Traído a Francia pocos meses después de nacer, François Augiéras pasó su infancia junto a su madre. En París, que encontraba siniestra, estudió en el colegio Stanislas. Después vivió en Périgueux, donde se intaló a la edad de ocho años. A los trece, descubre en la biblioteca municipal, los libros de André Gide, Nietzsche y Arthur Rimbaud.

Atraído por el arte, dejó la escuela a los trece años para asistir a clases de dibujo. En 1941, se matriculó en uno de los muchos movimientos juveniles que proliferaron bajo el régimen de Vichy, pero en 1942 lo abandona para convertirse en actor en un teatro ambulante. Trabaja, en 1944, en el depósito de la flota de Toulon, y luego pasa a la Argelia francesa, llegando a Argel. Deseoso de ir más al sur, se instala con su tío Marcel Augiéras, militar colonial retirado, que vive en El Golea en el Sáhara. Durante su estancia en el Sáhara, François Augiéras es abusado sexualmente por su tío, descubrimiento así sus propias inclinaciones homosexuales.​

Augiéras se inspiró en este episodio para escribir en 1949, «Le Vieillard et l’Enfant», donde narra la historia de un niño reducido a esclavitud en un oasis en mitad del desierto y que fue publicada en 1954 bajo el seudónimo de Abdallah Chaamba. La obra llama la atención de André Gide que, algunos meses antes de su muerte, conoce al joven escritor después de que este le enviara dos cartas. Augiéras escribió más tarde que Gide se conmovió con el encuentro y se imagina a sí mismo como el «último amor» del gran escritor. Como «Le Vieillard et l’Enfant» apareció poco después se rumoreó que fue en realidad escrito por Gide.

Solitario y rebelde, Augiéras multiplica sus viajes, sobre todo a Argelia y Grecia, haciendo retiros en el monte Athos. En 1957-1958, participa en la revista Structure, que dirige Pierre Renaud en París, y se involucra en una empresa de camellos en el sur de Argelia. Sus libros se inspiran en su azarosa vida, el mismo escribió «Acepto o propongo aventuras peligrosas, siempre con el pensamiento puesto en que se convertirán en libros». De temperamento panteísta, Augiéras evoca abiertamente en sus escritos su atracción sexual por muchachos y muchachas, e incluso por animales. En «L’Apprenti sorcier», la única de sus obras no autobiográficas, aborda el tema de la pedofilia.

En 1960, contrae matrimonio con su prima Viviane de La Ville, pero su unión fracasa y se separaron nueve años más tarde. En 1967, publica su primer libro con su verdadero nombre, «Une adolescence au temps du Maréchal et de múltiples aventures». Las andanzas, la precariedad, y la soledad agrabaron su estado de salud. Las visitas al hospital de Périgueux se suceden. A finales de los años 60, reside un tiempo en las cuevas de Domme para escapar de las condiciones de vida de los hospicios, y escribe en cuadernos escolares. Su libro «Domme ou l’Essai d’occupation», que no consiguió editar, trata sobre su vida en las cuevas.​

Minado por la pobreza y la malnutrición, envejecido prematuramente por sus condiciones de vida, se instala en una casa de reposo cerca de Brantôme, después en un hospicio para indigentes en Montignac. «Un voyage au Mont Athos» se publica en 1970. François Augiéras muere el 13 de diciembre de 1971 en el hospital de Périgueux. Fue enterrado en Domme el 18 de diciembre. Uno de sus pocos amigos, el maestro Paul Placet, se dedicó a difundir la obra de Augiéras organizando exposiciones de pinturas y difundiendo sus mansucritos.

Varias obras de François Augiéras, incluidas las colecciones de correspondencia fueron publicados póstumamente. Además de la obra literaria, deja una serie de pinturas y dibujos, todavía poco conocidos. Uno de sus biógrafos, Serge Sánchez, describe la obra de Augiéras como «un fresco espiritual arraigada en su propia vida».

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