Automoribundia 12

(Solitudinis V)

La literatura «à court de temps». Lleno de aprensiones, no me encuentro bien. Acontecimientos nimios. Salió algo el sol. De pronto el aire se puebla de vencejos. Vienen desde sus nidos de altas torres, puro silbido y velocidad, lanzados al cielo, cortándolo con navajazos zigzagueantes. Puntada va, puntada viene, el aire se convierte en el lienzo que incansables cosen. Los días iguales como pedazos de espaciotiempo midiendo nuestro paso y estremecedoras ansias. Perdidos en un fondo hondo y legamoso.

Los cuernos de las vacas parecen rellenos de luz. Los setos salpicados de mieses de color rubio intenso. Cabezas de las nubes discurren como un filósofo neoplatónico. Al pasar, como con una red, cogen a mi aldea; al irse, dejan que vuele libre. En mi habitación, soledad y alas flotantes de no sé qué.

***

«Que te dejen en paz es lo más valioso que se le puede pedir al mundo moderno», Enrique Mercado.

«Hay días en los que la soledad es un vino embriagador que te emborracha de libertad, otros en los que es un tónico amargo, y otros en los que es un veneno que te hace golpear tu cabeza contra la pared», Salva Robles.

«El alma que ve la belleza a veces camina sola», Pedro López Lara.

«Nuestro lenguaje ha percibido sabiamente las dos caras de la soledad del hombre. Ha creado la palabra «soledad» para expresar el dolor de estar solo. Ha creado la palabra «soledad» para expresar la gloria de estar solo», Marc Colell.

«Ciertamente, el trabajo no siempre es necesario para el hombre. Existe algo así como una ociosidad sagrada, cuyo cultivo se descuida ahora terriblemente», María Jose Vidal Prado.

«La maldición del escritor es que, incluso en la soledad, sea cual sea su duración, nunca se siente solo ni se aburre», Ana Vade.

«Odio la soledad, pero temo la intimidad. La sustancia de mi vida es una conversación privada conmigo mismo que, de convertirse en diálogo, equivaldría a la autodestrucción. La compañía que necesito es la que me proporciona un bar o un café. Nunca he querido una comunión de almas. Ya es bastante difícil decirse la verdad a uno mismo», Aleix Leví Carballo.

«La mitad de mí está llena de palabras desbordantes y la otra mitad es dolorosamente tímida. Ansío la soledad, pero también la gente. Quiero verter vida y amor en todo, pero también cuidar de mí mismo e ir con cuidado. Quiero vivir dentro de la prisa de la decisión primitiva e intuitiva, pero también deseo sentarme y contemplar. Es mi idea de esnobismo. La confusión de la vida: todos somos portadores de multitudes. Somos criaturas complicadas y, en última instancia, el equilibrio proviene de esta comprensión», Javier Divisa.

«La soledad es realmente peligrosa para una inteligencia que trabaja. Necesitamos tener a nuestro alrededor personas que piensen y hablen. Cuando estamos solos durante mucho tiempo, llenamos el vacío de fantasmas», Alfonso Cortés.

«Lees y escribes y cantas y experimentas, pensando que un día estas cosas construirán el personaje que admiras para vivir como él. Amas y pierdes y sangras lo mejor que puedes, hasta el extremo, esperando que un día el mundo te lea como el poema que quieres», Janet Frame.

«A pesar del lenguaje, a pesar de la inteligencia y la intuición y la simpatía, nunca se puede comunicar realmente nada a nadie. La sustancia esencial de cada pensamiento y sentimiento permanece incomunicable, encerrada en la impenetrable cámara acorazada del alma y el cuerpo individuales. Nuestra vida es una sentencia de perpetuo confinamiento solitario»., Luz Pichel.

«Lo que debo hacer es lo único que me preocupa, no lo que piense la gente. Esta regla, igualmente ardua en la vida real y en la intelectual, puede servir para toda la distinción entre grandeza y mezquindad. Es más difícil, porque siempre encontrarás a quienes creen saber cuál es tu deber mejor que tú mismo. Es fácil en el mundo vivir según la opinión del mundo; es fácil en la soledad vivir según la nuestra; pero el gran hombre es aquel que en medio de la multitud mantiene con perfecta dulzura la independencia de la soledad», Sergio Mayor.

«Pero hay mayor consuelo en la sustancia del silencio que en la respuesta a una pregunta», Scholem.

«La soledad produce originalidad, belleza audaz y asombrosa, poesía. Pero la soledad también produce perversidad, lo desproporcionado, lo absurdo y lo prohibido», Moshé Idel.

«Cuando el silencio y la soledad me oprimen y me rodean, me aplastan, me atraviesan como el hielo, a veces necesito hablar en voz alta, aunque sólo sea para tener una prueba de vida», Emil Man Martínez.

Me siento triste, drogado por el Rivotril, y solitario. La soledad, como el colesterol, puede ser o muy buena o muy mala. Para mí, hoy, pesada, pelma y plomiza. A veces se llega a la soledad en coche-cama y, a veces, como tras una maratón, derrengado y exhausto. Soledad de frío ártico. Cansado (insisto), lánguido y frágil, como si se te fueran agotando las pilas y la linterna solo parpadeara.

“El talento se nutre en la soledad; el carácter se forma en las oleadas tormentosas de mundo”, Goethe; idea que copió Stendhal: “En la soledad se puede adquirir todo, menos el carácter”. Yo, ciego de talento y vacío de carácter.

Ahora me nutre este adobo de soledad como de sádico kapo nazi. Mañana pueden brotar muy diferentes mis sentimientos. Al mediodía mejoré algo. Escribí. Mi despacho tranquilo: el foco de luz, los cuadernos y el ordenador, la mesa ordenada, libros muy queridos y los libros de consulta. Para liberar mis palabras solo necesito estar enclaustrado entre estas cuatro paredes. Mi despacho también es un salón de lectura donde arremolinado en el sillón de cuero y con temperatura agradable paso horas y horas. Muy felices. Horas que justifican mi vida y niegan a la tumorosa soledad.

También sueño, ay, con lejanos viajes a las regiones del sur; camellos con campanillas de bronce, perfumes de oasis templados al mediodía, arena de plata, sexo y senos de huríes; el cielo enrojecido y el olor de piel del león. También invulnerabilidad, humildad y mansedumbre ante estas criaturas de los cañones del Sil que respiran conmigo el mismo aire y los mismos árboles. Y, ay, por último, no desdeñemos la poesía del aeropuerto, de la gasolinera, del hotel, del vagón de tren, del vagabundeo haragán y ocioso.

***

Donillero, catacaldos, farfante (para Covarrubias, a principios de siglo XVII, un “burlador, engañador, parlero y palabrero”) o fementido, y vanílocuo, y sacamuelas etc. , son términos menos avulgarados que el abascaliano «capullo».

Deja un comentario