
«Recibí los fundamentos de mi educación en la escuela, pero eso no fue suficiente. Mi verdadera educación, su superestructura, los detalles, la real arquitectura, la obtuve en la biblioteca pública. Para un niño pobre cuya familia no podía permitirse comprar libros, la biblioteca era la puerta abierta a la maravilla y al logro, y nunca estaré suficientemente agradecido por haber tenido el talento y las ganas de cruzar esa puerta y aprovecharla al máximo. Ahora, cuando leo constantemente sobre la forma en que se recortan y recortan los fondos de las bibliotecas, sólo puedo pensar que la puerta se está cerrando y que la sociedad estadounidense encontró una forma más de destruirse a sí misma», I. Asimov.
«Había encontrado mi religión: nada me parecía más importante que un libro. Veía la biblioteca como un templo», Toby David Godfrey Ord.
«Una biblioteca pública es lo más democrático del mundo. Lo que se puede encontrar en ella destruyó a dictadores y tiranos. Los demagogos acaso persigan a los escritores y les obliguen a decir lo que tienen que escribir, pero no pueden eliminar lo que se escribió en el pasado, aunque lo intenten con bastante frecuencia… Las personas que aman los libros tienen al menos una parte de su mente inmune al adoctrinamiento. Si lees, puedes aprender a pensar por ti mismo», Ruth Barcan Marcus.
«Las bibliotecas cambian vidas a mejor», Lorenzo Peña y Gonzalo.
«La biblioteca reúne al peor grupo de personas jamás reunido en la historia. Tipos mezquinos, conspiradores, groseros, pero extremadamente cultos, lo que los hace peligrosos», Jaakko Hintikka.
«Leo libros, uno tras otro, como si fumara compulsivamente. No hago distingos: novela rosa y negra, ciencia ficción, fantasía en papel «pulp», historia, ciencia, matemáticas, filosofía, poesía, libros de cualquier siglo, en ediciones de lujo o en papel «pulp»…. Me siento, imperturbable, en un círculo de luz, y vivo la vidas ajenas y absorbo feliz los conocimientos de otros», Aleix Leví Carballo.
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«Nunca deseo conversar con un hombre que ha escrito más de lo que ha leído», Samuel Johnson.
«Belcebú se esconde entre demasiados libros», Erasmo.
«Sea cual fuere la desgracia que pese sobre el ser humano, en la Escritura encontrara el antídoto adecuado, que ahuyenta todo pesar. Así, pues, es necesario no solo lecturas en la Iglesia, sino tambien en casa, y hacer que la lectura sea provechosa»; San Juan Crisóstomo.
«Cuando ocurre que el mayor enemigo de la verdad no es la falsedad, sino el galimatías, entonces la mayor virtud intelectual no es la brillantez deductiva o la erudición fáctica, sino el sentido común», G. E. Moore.
«La erudición es el residuo crudo de las cosechas marchitas; el ingenio: la mala hierba entrometida que las marchita», San Buenaventura.
«Como todos sabemos, hay casi una especie de placer perezoso en la erudición inútil y fuera de lugar», Jorge Luis Borges.
«Nunca se denunciará lo suficiente que los libros raros y agotados antes solo podían encontrarse en las estanterías de unas pocas bibliotecas, o los artículos interesantes en números antiguos de revistas de alta cultura. Gracias a Internet todo eso es totalmente accesible para la inmensa mayoría del público», Pierre Levy.
“But it is very difficult to be learned; it seems as if people were worn out on the way to great thoughts, and can never enjoy them because they are too tired», Mary Ann Evans, «Middlemarch».
«¿Acaso saber una cosa no sirve de nada si otra persona no sabe que tú la sabes?», Persio.
«Las drogas no son nada comparadas con el éxtasis de la erudición», A. Escohotado.
«…hay entretenimiento en la erudición», Chicago Tribune, 8 de febrero de 1937.
«Para aquel que robe un libro de la biblioteca haz que se convierta en una serpiente su mano, y que lo desgarre en pedazos. Haz que sea atacado de parálisis, y que todos sus miembros exploten. Haz que languidezca en dolor, pidiendo a gritos piedad, y haz que no haya final para su agonía, hasta que se hunda en solución. Haz que los gusanos del libro royan sus entrañas, en advertencia del gusano que no muere, y cuando vaya a su castigo final, haz que las llamas del infierno lo consuman para siempre. Amén”, Maldición a los ladrones de libros, del monasterio de San Pedro, Barcelona.
