Happy meal 3

Al fin algo de sol. Escucho a Bach. Sol y Bach. Incluso para mí la vida puede tener destellos de sol, y eso que desperdicié (pobre hombre) algo tan precioso como el sol otoñal, algo como el mágico sol primaveral, quedándome en casa. Escribió ese prodigio llamado Joseph Addison en «The Spectator»: “What sunshine is to flowers, smiles are to humanity. These are but trifles, to be sure; but scattered along life’s pathway, the good they do is inconceivable”, «Lo que el sol es para las flores, así las sonrisas lo son a la humanidad. Meras bagatelas, sin duda; pero esparcidas por el camino de la vida, su beneficio es inconcebible».

Reflexiono en cómo estructuré mi pentalogía. En el Diccionario de la Real Academia, «armar» tiene como decimosexta definición: «Mar. Aprestar una embarcación o proveerla de todo lo necesario». Respecto a mis libros, la mar océana es mi autobiografía -enmascarada-, dos o tres temas obsesivos tratados como aprestos emotivos y no lógicos, y una brújula, que el lector deberá descubrir.

En mis diarios monto una historia. Y nada de eso tiene que ver con el montaje de mecanos. Una fuente de inspiración es Cortázar, que en «62. Modelo para armar», dice en su presentación que el título puede llevar a creer que las diferentes partes del relato se proponen como piezas permutables, pero precisa a continuación: «Si algunas lo son, el armado a que se alude es de otra naturaleza, sensible ya en el nivel de la escritura donde recurrencias y desplazamientos buscan liberar de toda fijeza causal, pero sobre todo en el nivel del sentido donde la apertura a una combinatoria es más insistente e imperiosa. La opción del lector, su montaje personal de los elementos del relato, serán en cada caso el libro que ha elegido leer». Que mi lector avíe la embarcación.

Y que el lector perciba la música que quise poner. «Si decido ser idiota y sordo, lo seré por decisión propia», Johann Sebastian Bach.

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