Je ne regrette rien 17

DE TODO LINAJE Y CASTA

Soy de todo linaje y casta, aguador, encofrador, abogado, necio rufián, sabio labrador, tiresias profesor online, pregonero, condenado goloso trovador, gladiador, y llevo pintadas en la cara corrales, acrílicos, gallos, ensalzo la lluvia que estalla, y floto en cabañas y asilos y lupanares, soy hombre o cosa, pared y túnel, y disyuntiva luz, soy animal, oigo el grito de semáforos de la ciudad henchida, el tumulto de gongs de la floresta, de los bosques, soy carbón, se agita la sangre de mi hermana en collares y alarmas, me cobija la rosaleda sacramental, soy grafito, grafeno, una idea en las casacas de criollas muchedumbres, un políglota oficial de la escudilla del rey, un eunuco protovestiario, un lenguaje de albogues, el encorbatado especialista en análisis de datos, el hechizo entre copas de cemento, la Luna de cuero rubio (con reps o rábanos), soy alma y espíritu, también babilónica letanía, y rey y Dios, yo soy la carne solitaria en dulce paz, la soledad meditabunda en un rincón de playas rosas, y también joyas y mármol y mierda y estatuatillas tirrenas y cuadros y platerías, yo soy tu lepra y tus telas teñidas con púrpura de Getulia, y yo soy tú, Christian Sanz.

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Manlio Capitalino abandonó la causa de los patricios, a cuya clase pertenecía, y se puso a liderar la causa de los plebeyos, que sufrían el duro y cruel trato de los primeros.

El motivo para apoyarlos de Manlio, sin embargo, no era tan puro; después de su defensa del Capitolio, no podía soportar ver a un hombre igual o por encima de sí mismo, y deseaba íntimamente proclamarse tirano.

Al final una insurrección popular lo condenó a muerte.

Tito Livio y demás historiadores siempre supieron que no hay nada más veleidoso e inconstante que la multitud. «Haec natura multitudinis est: aut humiliter servit, aut superbe dominatur», «Esta es la naturaleza de la multitud: o sirve humildemente, o domina soberbiamente». Cuando un pueblo es soberano es variable, mutable y acaso ingrato.

Al igual que Atenas se liberó de Pisístrato, nosotros muy pronto nos libraremos de Sánchez.

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«Abrí el libro, ocioso, distraído, tenía siete años y hojeé las páginas; qué hombres serían capaces de despreciar estas pabras […] Y así llegué a una obra cuyo título inusual me atrajo […] Desde las primeras líneas, algo se derritió en mi interior: un bloque de hielo transparente e infranqueable que me bloqueaba el paso. […] Goethe acababa de hacerme un regalo suntuoso y frívolo: me acababa de regalar la poesía de la literatura», Del «Prólogo», pág. 7.

En «Internationale Bibliographie zur Geschichte der deutschen Literatur von den Angängen bis zur Gegenwart – Band I, II/1, II/2, III (4 Bücher)», Albrecht, Günter und Günther Dahlke: Editorial: München-Pullach, Verlag Dokumentation, 1969

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