“Sobre el inmenso abismo nadan, raros, los náufragos”, Virgilio.
Tachan vencejos el ruido del silencio. Exactamente se cumple un año desde que murió mamá. El contacto de vivir me estremece. Gritan fantasmas, ratas roen mi hígado. Se rompió el hechizo. Lo vivo, muerto.
Pero mis impresiones de ti están tan frescas y se renuevan con tal rapidez (imposible que salgas de mi memoria), que éste vacío a la vista es una forma de esperanza. Pronto estaremos juntos.
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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