
No tengo miedo de una pequeña metáfora; no me morderá, pero siempre debo asegurarme de que sé cómo canjearla por un hecho. Creo, inspirándome en muchos filósofos analíticos, que el mundo de la física es ESENCIALMENTE el mundo real interpretado por abstracciones matemáticas, y el mundo de los sentidos es el mundo real interpretado por las abstracciones que proporcionan inmediatamente nuestros sentidos ¿Una concepción suave y elegante, pero simplista, que ignora deliberadamente la noción de cosmovisiones más sutiles? Leo a Ashish Dalela en «Quantum Meaning: A Semantic Interpretation of Quantum Theory»: «Un universo de partículas clásicas carece de conocimiento porque el universo sólo puede ser él mismo y no una representación de otra cosa. Si el universo sólo estuviera compuesto de partículas clásicas, sólo habría propiedades físicas, pero no significados. La idea de que podemos tener información sobre un objeto sin convertirnos en ese objeto es fundamental para todo conocimiento». Este género de hipótesis me son extrañas. Acaso nuestra confusión sobre quiénes somos y cómo es la realidad se relacione con el hecho de que estamos formados por un gran conjunto de niveles, y utilizamos un lenguaje superpuesto para describirnos en todos esos niveles. Si precisáramos el lenguanje objeto L, el metalenguaje L1, el metametalenguaje L2 etc.. a lo mejor las cosas serían menos paradójicas. No sé, solo estoy especulando sin brida.
NOTA BENE: En general, el realismo científico de la física clásica (es decir, la precuántica) ha seguido siendo compatible con el realismo ingenuo del pensamiento cotidiano; en cambio, ha resultado imposible encontrar una forma coherente de visualizar el mundo subyacente a la teoría cuántica en términos de nuestras imágenes del mundo cotidiano. La conclusión general es que en la teoría cuántica el realismo ingenuo, aunque necesario a nivel de las observaciones, fracasa a nivel microscópico. Acepto el matiz.
