
Jueves, 17 de julio. Despejada mañana, hará buen día «sense la bonior envescada de la canícula». Los dedos invisibles del miedo y la melancolía me despiertan. La piel contra la encegadora claridad.
Nerón envenena a Británico, se divorcia de su joven mujer, la destierra y la hace desaparecer. En el 59 ejecuta a su madre. Escribe poemas, pinta cuadros, toca la lira, canta y recita tragedias. Un melancólico que detestaba gobernar.
«No soy pobre, no soy rico; «nihil est, nihil deest», tengo poco, no quiero nada: todo mi tesoro está en la torre de Minerva… Sigo siendo un estudiante universitario… y llevo una vida monástica, ipse mihi theatrum, me basta con mi propio entretenimiento, aislado de los tumultos y problemas del mundo… aulae vanitatem, fori ambitionem, ridere mecum soleo, me río para mis adentros de las vanidades de la corte, de las intrigas de la vida pública, me río de todo», Robert Burton, «Anatomía de la melancolía».
La melancolía es un fantasma caminando por la casa con un cuchillo verde, amapalos triangulares, cortantes, diluidas en el aire desteñido, plumas de un búho ronco en terribles pasillos de manicomios.
Agrio sabor del suero. Días de julio. Un día más.
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Tuve mucha suerte con mi familia (la vida nos separó a mi hermana mayor E y a mí, pero, si me lee, le mando un saludo afectuoso a ella y a mi sobrino D)
Sobrenadan ahora días moribundos con cifras de estiércol. Mi garganta respira esparto cenizoso, y navego como un gatito por un lago de cemento. Crisis depresivas, lipemaníacas, oscuros demonios. Sin mamá se hace duro. Ella me obligaba a ponerme guapo e ir a «restaurants», nos acercábamos a librerías santiaguesas (íbamos a Santiago en taxi), y hablábamos, conversábamos ininterrumpidamente o jugábamos al Scrable y a las damas. Con paciente ternura soportaba mis obsesiones, mis cambios de humor, los amagos psicóticos. Con ternura y diestra sabiduría terapéutica. Este papel lo tomó ahora mi hermana pequeña N. La puedo llamar hasta seis veces al día. Y no se cansa, y me aguanta, y me aconseja y supervisa con tino. Cimero cielo sobre el farallón.
La enfermedad es una baba que cuelga, un último escalón mendicante, olas encrespadas sin orden y panzudas. Si hubiese estado en la completa intemperie, hace años que no saldría del manicomio.
Gracias mamá. Gracias Noemí. Abundante espuma de los ríos, viento que congeló las tempestades del mar. Sanáis mi vida sin pedir nada a cambio, solo como ofrenda del amor.
Ser un excelente ser humano es un incalculable y fecundo, cálido espacio rosa.
