Je ne regrette rien 8

La juventud, qué pronto se pudre. Dura más la piedra, el palacio, la mosca. Llego al final de la vida. Luché, amé, desistí, sufrí (sobradamente, de más), gocé, estudié, leí, supe -demasiado poco- sobre hierología y álgebra, fatigué densos volúmenes sobre holómetros y literatura, fui valiente, arrojado, y también mi boca no logró salvar el rincón de la oscuridad y el miedo.

Y, al cabo, ¡sosiego! Que cese toda ambición. ¡En manos de las estrellas mi suerte y fin! Solo deseo pasar estos breves días sin angustia ni temores ni tinieblas, gobernarme a lo largo de los estantes de la biblioteca y las horas de la noche, o el mar.

***

¿Sostuve adecuadamente los hilos que tejieron mi vida? Ejecutar unos ojos sabios y alegres no siempre es tarea fácil. Aunque me vieron más entre monasterios que por lupanares, no negaré que me pertenece una pizca del adocenado estribillo de Meilhac y Halèvy, musicado por Offenbach: “Du plaisir à perdre l´haleine / Oui, voilà la vie parisienne”.

Tiempo del retiro y la calma. De libros, paz y abrillantada melancolía. Tiempo de expulsarse los brugos de la piel. Y a los bibliopolas acudir. Y al universo, convertirlo en un haz con forma de bibliolatría.

Tranquilidad y quietud. Esperar. Nada más.

***

En la deliciosa novelita de Yourcenar, «Alexis o el tratado del inútil combate», el tema principal acaso sea la tensión entre la naturaleza del deseo y el sentimiento de culpa, ese engendro casi imposible de acallar, sobre todo para aquel que reprime su verdadera inclinación sexual.

Pero hay unas líneas en que el protagonista reflexiona sobre los libros. Recordemos un fragmento del mismo:

«Los libros hubieran podido aclararme muchas cosas. He oído recriminar su influencia muchas veces. Sería muy fácil para mí hacerme la víctima, quizá mi caso pareciera así más interesante, pero la verdad es que los libros no han tenido ninguna influencia sobre mí. Nunca me han gustado los libros. Cuando los abres estás esperando alguna revelación trascendental, y cuando los cierras te sientes desilusionado. Además, abría que leerlo todo, y no bastaría con una vida. Los libros no contienen la vida; solo contienen las cenizas de la vida. Supongo que a eso le llaman la experiencia humana», Marguerite Yourcenar, «Alexis o el tratado del inútil combate», RBA Editores, 1994, Barcelona, pág. 48.

Libros… ¿Eunucos gelatinosos? ¿apestosas mofetas? ¿feas solteronas?

Los libros y uno. Acaso en este caso podamos aplicarnos aquello de Shakespeare: «I do desire we may be better strangers». Todo puede ser.

***

Pasaré el verano entre “editio princeps” (baratas), libros con grabados en cobre, y facsímiles con mapas detallistas de paisajes reflejando pegasos y estirges. Acaso suba esa mole pedregosa y escarpada (yo ya no soy joven) del Mont Ventoux, impulsándome con la idea: «Todo lo vence un trabajo obstinado”, «Labor omnia vincit improbus» (Virgilio, Geórgicas, I, 145-146)

Feliz verano de hamaca, terrazas, flores y vagancia. De corazón les deseo un muy feliz verano.

***

Es magro y de temperamento narcisista; tiene la bilis quemada, el rostro demacrado, y el espíritu vengativo y fariseo; los ojos, brillantes y astutos. Vivo hasta el aturdimiento, es un fogoso calculador que va y viene, destella, deslumbra y decapita. Sánchez es un cadáver político.

***

“¿Es García Lorca un gran poeta?”. «No, es un autor de entonación chica y éxito muy grande”, que escribió obras “vacías de trascendencia o con una emoción chabacana” y que solo “provoca sus pasiones entre las inteligencias superficiales” y los “aficionados a lo fácil”. Declaraciones de Alberto Hidalgo. De Baroja: “padece de insuficiencia literaria”, le acusa asimismo de haberse arrastrado para entrar en la Academia, tras criticarla durante años, y lo califica de “campeón de la pesadez y la antigramática”, pues “no tiene estilo” y “escribe con las patas” unas “novelas que son un desastre”. En definitiva, “es como si dijéramos un burro inteligente: tiene algunas ideas, pero las manifiesta con torpeza”. Sobre Alfonso Reyes: «taimado y cazurro», «un escritor tan insignificante como su aspecto físico” «y que hizo carrera invitando a comilonas y otros excesos a los críticos y periodistas que pueden repartir famas”.

Lo que Lorca, Baroja y Reyes son para el peruano Hidalgo, es para mí Sánchez. Convirtió España en un lugar corrupto, pobre y peligroso para vivir. En una cochiquera abyecta. En una chatarra de dictador africano.

A Sánchez la mentira insidiosa le atraviesa el corazón como el pan de cada día.

***

Autores como William Blackstone describieron la propiedad privada como un derecho «sagrado e inviolable» esencial para la seguridad personal y la libertad individual.

Ayer, a propósito de la mafia okupa, argumenté resumidamente en un programa de radio, la idea de la propiedad privada como pilar fundamental de la libertad y la civilización. Un componente clave del estado de derecho y de cualquier gobierno responsable. La raíz que fomenta la estabilidad social y la cooperación. El marco irrefragable para la eficiencia económica y la prosperidad. Aquel derecho que otorga la posibilidad para que administres tu propia vida y tu propio futuro.

Intenté ser elemental y didáctico. Comprobé que, de modo intuitivo, prácticamente todo el mundo tiene implícitas esas ideas o ideas similares. Donde hay propiedad privada hay civilización. Es un fundamental derecho humano que no debe ser restringido ni arrebatado. Donde no hay propiedad privada ni siquiera es posible la rebelión contra la tiranía. Seamos vigilantes con el poder omnímodo estatal liberticida. Contra el ogro expropiador o confiscador.

***

«El hombre más peligroso para cualquier gobierno es el que es capaz de pensar los temas por sí mismo, sin tener en cuenta las supersticiones y tabúes imperantes. Casi inevitablemente llegará a la conclusión de que el gobierno bajo el que vive es deshonesto, demente e intolerable, y entonces, si es idealista, intentará cambiarlo. E incluso si no es idealista personalmente, es muy propenso a propagar el descontento entre los que sí lo son».

Al hilo de esta reflexión de H.L. Mencken, infiero que pocos son capaces de pensar las cosas por sí mismos, y que prefieren un acomodo demagógico a las mieles del rigor diamantino de la libertad y la pureza (o al menos la mínima impureza) moral.

Un presidente no puede defender ni representar a una nación si no es responsable ni apechuga ante sus leyes y la transgresión ilegal de esas mismas leyes.

***

Hay que distinguir dos cosas muy claramente. A las personas, a las personas hay que respetarlas siempre. A las personas. Otra cosa son sus opiniones. No todas las opiniones son respetables, ni muchísimo menos. Si la gente dice una estupidez, es otra estupidez afirmar: “Esa es una opinión y, por lo tanto, muy respetable”. Pues no.

Hay opiniones que son nada respetables. Las personas son respetables, las opiniones, no. LAS OPINIONES SE TIENEN QUE GANAR EL PROPIO RESPETO. Y lo que no se pueden tolerar son las opiniones que no son respetables. Entonces, no hay que ser tolerante con cualquier tipo de opiniones, no necesariamente debemos respetar todos los puntos de vista posibles.

¿Todo es igualmente valioso? Pues miren, no. Hay cosas que no son admisibles, que no son presentables y que no son respetables, y otras que sí, y hay que abundar mucho en ello.

Existen opiniones pésimamente argumentadas, o memas, o crueles o racistas. Se respeta al sujeto ético que manifiesta esa opinión o idea, se respeta su derecho a no ponerle un bozal y que pueda expresarla, pero ello (quede claro el distingo) no significa que se respete el contenido intelectual que contiene la idea. Yo no respeto ideas (o conclusiones a supuestos argumentos) de la especie:

-Hay que matar a los judíos.

-Los homosexuales son pederastas.

-La izquierda [o la derecha] siempre roba.

-El gobierno está encubriendo información sobre extraterrestres.

-El 11-S fue un auto-atentado.

-El cáncer se cura con hipnosis.

-La astrología acierta más que un TAC.

Etcétera.

Nota bene (1) : Lo que una persona encuentra extravagante, otra podría considerarlo simplemente una opinión válida, aunque minoritaria. La extravagancia no implica necesariamente que una opinión sea incorrecta o absurda, simplemente que se sale de la norma.

Los libros del obispo Berkeley, por poner solo un ejemplo, pese a su rareza, expresan opiniones extraodinariamente bien razonadas e inteligentes.

A menudo la ciencia o la filosofía avanza refutando las opiniones ortodoxas. Atreviéndose a pensar a la contra.

Nota bene (2): De forma DELIBERADA y CONSCIENTE, en muchos posts o en muchos tramos de mis libros, uso falacias groseras y sofismas, pues mi intención es el impacto emotivo y no la verdad (la creencia razonada, la opinión bien fundamentada, mejor dicho) Sustitituyo la persuasión lógica por la elocuencia estética, la prueba por lo epatante o el impacto. Tengo la impresión que la capacidad argumentativa (una habilidad perfectible) deja mucho que desear. Y temo que con las redes, con su inmediatez irreflexiva, además de una merma en la belleza lingüística, se agudiza una especie de elemental pseudopensamiento reducido al mero y cesarista pulgar arriba o pulgar abajo. Ello redunda en un abajamiento del discurso público, y en la potencial degradación de la democracia, o bien en la manipulación de sus votantes. Debemos aspirar, no renunciar a nuestra soberanía intelectual.

Deja un comentario