
¿Política? Se construyen muros, no puentes, armas, no bibliotecas, existe corrupción, mucha corrupción y muy poca moralidad, ignorancia, no intelecto, desgobierno y malas alianzas, pero no estabilidad y deliberación, caos en lugar de orden, segregación en vez de convergencia.
Vemos hipocresía ocupando el lugar de la equidad, discriminación en lugar de tolerancia, superficialidad por sustancia, inmadurez e improvisación en lugar de madurez e ideas claras. La anarquía desplazando a la justicia. Las mentiras, a la verdad. En fin, una democracia morbosa y corrupta donde se recompensa a los amiguetes, se mercadea con la opinión pública, reina la ineficiencia burocrática, se propende a la demogagia y al populismo, se proponen soluciones irreales a problemas complejos, se tiraniza a las minorías, donde rebosan demócratas ignorantes y de débil capacidad de razonamiento, con líderes de carisma narcisista y psicopático, democracia que es en esencia una disputa de amigos y enemigos (Carl Schmitt) -el enemigo es simplemente el otro, el extraño-, una democracia mafiosa, decadente, donde se obvia el bien o los bienes comunes.
«La caída del Imperio, caballeros, es algo masivo, sin embargo, y no se combate fácilmente. Está dictada por el aumento de la burocracia, el retroceso de la iniciativa, la congelación de las castas, la represión de la curiosidad… cien factores más. Ha estado ocurriendo, como he dicho, durante siglos, y es un movimiento demasiado majestuoso y masivo para detenerlo», Isaac Asimov, «Fundación», pág. 101, Debolsillo, 2003.
«Han saqueado el mundo, desnudando la tierra en su hambre… les mueve la codicia, si su enemigo es rico; la ambición, si es pobre… Arrasan, masacran, se apoderan de todo con falsos pretextos. Y cuando a su paso no queda más que un desierto, a eso lo llaman gobierno», Tácito, » Vida de Agrícola», Cátedra, pág. 48.
NOTA BENE: Cuando se habla de política y políticos, nunca está de más no olvidar al perspicaz De Gaulle: «Para convertirse en el amo, el político se hace pasar por el siervo».
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“Dovremmo scegliere i nostri governanti guardando le loro biblioteche”, Mauro Corona, «Deberíamos elegir a nuestros gobernantes mirando sus bibliotecas».
