
LE ASOCIO A MIS PREOCUPACIONES
(Carlos Barral)
Preferiría ahora imaginar
que te soñaba como un robot inteligente,
un carro de llamas en el cielo,
cerca de la Luna, con fogosa melena rubia,
suave, o como un antiguo vagabundo
perdido en la ciudad populosa,
hecho de humanidades o de ramajes.
Pero a la primera juventud es propia
reservar ternura sin límites,
y luego… la traición más inmediata…
En las horas huecas, por la noche,
soplando y quemando mi Amor,
entre los libros de la biblioteca,
en los momentos de acuerdos
felices con la vida y los demonios,
oía tu teatro de nadador cual sirena,
y a veces te ofrecías como un premio
fugaz, rosáceo, y salvabas el instante rozándome,
en medio del silencio cargado del estudio,
o en las veladas de familia, y de patines y fiesta,
o cuando la soledad me sofocaba.
Pero luego nuestro Amor, según tiempo
y ciencia te refutaban, te alejaban,
se fue haciendo difícil, y nuestras noches
tensas, cada vez más raras.
Comenzó a incomodarme
el dogma, la ortodoxia, tus acólitos, la dudosa
verosimilitud de tus prodigios…
Silencio de plomo. Se rompieron
vértebras y el purpurado papiro. Charlatanería
y confusión de habladurías sobre ti.
El monte cortaba bloques y tú eras un leve
tizne vegetal, la extraña posibilidad
del Universo con el orden de tu mente.
La oscuridad golpeaba el callejón de las ratas
donde los muertos olvidaban sus huesos.
Campos de carmín cristal.
Música plateada como lomo de sardina.
Aroma de café en la cocina.
No necesito tu hipótesis.
Me parece un sueño nuestra historia,
un sueño lejano y dulce de nieve,
y terribles lujurias de belleza
en aquel tiempo sin miedo ni mentiras.
