
LA LUNA DE LA RIBEIRA SACRA
Si, al mezclarme con el mundo, me contento
con mis modestos placeres y mi biblioteca,
unos pocos insomnes pensamientos mortales,
la reverberación de la elocuencia gracias a la
transición y conexión de unos versos plagiados
de los Grandes, el ser feliz mirando tan solo
a las vacas de mi aldea buscando piletas de agua
al borde del camino, si cambié ira fugaz por risa,
la pereza por el trabajo en este camino sin retorno,
y viví apartado de nimias preocupaciones,
y de la vanidad de vanidades de la vida,
os lo debo a vosotras, valles y montañas,
te lo debo a ti, oh sagrada Luna de la Ribeira Sacra.
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EPITAFIO
Cuando volvió, desolada, abatida, del funeral,
la hermana del burgués y ocioso oso apacible,
del aburridísimo Christian, rey boscoso
entre lobos, deseó para él un epitafio.
Y el poeta de provincias Augusto Lledó y Partagás,
amigo común de Samael y del difunto,
lo esbozó compungido siguiendo con escrúpulo
los informes e inclinaciones de la verdad,
y envió después el epitafio, una primera redacción,
a aquella elegante y demasiado querida hermana.
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«De Christian el alunado o aldeano rey,
honrad dignamente, gentes de la Ribeira Sacra,
su clara, concreta, minuciosa y efímera memoria.
Loco (aunque fingió) y de noble corazón,
fue arbitrario de gusto, justo de estilo y sabio de alma.
Entregó a los solícitos libros su diligencia,
y altivo en el hondón de su mente
algún pensamiento sin reposo amaneció casi inmortal.
No esquivó el dolor, pero en su fracaso
miserable nunca se sintió pobre. Honrad a ese lobo
de pelambre canela. Queda aquí, en la niebla,
bajo estas letras, su vagabunda alma.
Ese árbol, este jardín, la Luna y la lápida,
comparten con las estrellas su fe y sus símbolos.
Pero fue todavía más que todo eso, mucho más:
el Gran Solitario. Se teme propiedad tan atribulada:
no la hubo más noble entre la Luna de los cielos».
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Buenos días. “Non ce ne rendiamo conto, ma la nostra ricchezza rispetto all’analfabeta (o di chi, alfabeta, non legge) è che lui sta vivendo e vivrà solo la sua vita e noi ne abbiamo vissuto moltissime. Ricordiamo, insieme ai nostri giochi d’infanzia, quelli di Proust, abbiamo spasimato per il nostro amore ma anche per quello di Piramo e Tisbe, abbiamo assimilato qualcosa della saggezza di Solone, abbiamo rabbrividito per certe notti di vento a Sant’Elena e ci ripetiamo, insieme alla fiaba che ci ha raccontato la nonna, quella che aveva raccontato Sheherazade”, «No nos damos cuenta, pero nuestra riqueza comparada con la del analfabeto (o con la de los que, sabiendo leer, no leen) es que él solo vive y solo vivirá su vida, y nosotros hemos vivido muchas. Recordamos, junto a nuestros juegos de infancia, los de Proust, hemos suspirado por nuestro amor, pero también por el de Píramo y Tisbe, hemos asimilado algo de la sabiduría de Solón, hemos temblado en ciertas noches de viento en Santa Elena, y nos repetimos, junto al cuento de hadas que nos contaba nuestra abuela, el que nos contó Sherezade», Umberto Eco.
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Marta se reía como un cachorro al que le hace cosquillas un gatito disfrazado de patito.
