
¿POR QUÉ ES IMPORTANTE CONTEMPLAR EL CIELO ESTRELLADO?
A menudo, en primavera y verano, me estiro en la hamaca y, durante horas, contemplo el firmamento. Desciendo a la fría sima de mí mismo. La gran mayoría de mis errancias meditativas no son especialmente ni importantes ni fructíferas. Pero a veces aparece una buena idea o fulge un estado contemplativo singular.
Contemplar el cielo estrellado, o recordar las ideas sugeridas por esa contemplación, me infunde o me inviste de una especie de GOZO NOBLE, de PLACER SUBLIME, de VISIÓN DE ALTURA, ME ENGRANDECE. ME GUSTA BUSCAR Y ENCONTRAR ESA GRANDEZA.
El universo nos envía señales como radiación electromagnética, pero también rayos cósmicos, neutrinos y ondas gravitacionales [Inciso. Con el ojo desnudo y en la superficie de la tierra, captamos una fracción minúscula de esas señales. Por eso construimos grandes radiotelescopios o ponemos en órbita fuera de la atmósfera detectores en satélites. Fin del inciso.]
Pienso si el universo también nos envía señales, no solo sobre su propia biografía o historia, sino sobre la nuestra, indicadores sobre la mortalidad, la sobrevivencia tras la muerte, el destino, el amor, el significado etc. El universo se estudia actualmente con las armas de la teoría de la relatividad y la física de partículas, y me pregunto si, el día que los cosmólogos encuentren un modelo cuajado y sin huecos, clausurado, cerrado y sin sorpresas, podrá darse una equivalencia entre la biografía del universo y las biografías de nuestros yoes terrestres y particulares, entre el micro y el macrocosmos, me pregunto si el cosmos tiene memoria, consciencia, intención, voluntad [cosas que me atrevo a responder hipotéticamente o muy tentativamente en algunos de mis poemas]
Me gusta ver la similitud indudable u obvia entre mi yo y el universo: (1) el universo es incomparablemente más grande de lo que suponían nuestros antepasados, yo soy, cualquier persona, es incomparablemente más grande de lo que suelo-e suponer. (2) La Tierra y los hombres no ocupan el centro del universo, yo no ocupo el centro del universo, ocupo un lugar absolutamente gris y provinciano. (3) El universo es un proceso dinámico en perpetua transformación cuajado de explosiones y cataclismos; la analogía conmigo es directísima. (4) El universo es inteligle mediante leyes, es un ente ordenado. Yo también. (5) En el universo aumenta la entropía; algún día todos los hornos del universo se habrán apagado y todos los procesos habrán concluido; hacia ese frío y uniforme agotamiento final camina inexorablemente el universo. Mi destino camina también hacia ese frío final.
Reflexión penúltima: Pensando en los miles de millones de estrellas, en los miles de millones de galaxias, ¿Qué es la gloria? ¿Qué es Sánchez o Messi comparada con esa casi cinta métrica infinita, sino una raya tan infinitesimal que es casi lo mismo decir que es cero, vacío y nada? ¿A qué las empresas, los trabajos, las ínfulas, si somos solo sombra de una sombra de una sombra, si solo somos una velita de luz que no dura nada bañados en los negros espacios interestelares?
Reflexión última: «Somos sistemas físicos pensantes, partes conscientes del Universo y, por tanto, partes de la conciencia cósmica. La conciencia cósmica es la conciencia distribuida del Universo (la conciencia divina, si se quiere). Cuando nuestro cerebro piensa, decimos que nosotros pensamos. Pero nuestro cerebro es también parte del Universo. Cuando pensamos en el Universo con nuestro cerebro, el Universo se piensa a sí mismo en nuestro cerebro. Nuestros pensamientos son chispas divinas, chispas de la conciencia cósmica. Es posible que otras criaturas piensen también en el Universo en algún otro lugar en la vasta inmensidad del espacio-tiempo, pero no lo sabemos. Si existen, ellas son también partes de la conciencia cósmica distribuida, participantes, como nosotros, en la autoconciencia del Universo. La aventura intelectual desemboca en la comunión lúcida con el Universo, que es la meta de la vida espiritual», Jesús Mosterín.
