
«Je acuse» a escritores, poetas, periodistas, intelectuales, y demás fauna, de darle el biberoncito al bebé y limpiarle el culito en el momento oportuno.
A nadie nombro.
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Creo que si el objetivo es cambiar el mundo, el periodismo es la vía más inmediata a corto plazo. El mundo lo cambia la ausencia clamorosa de ideas.
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Las ideas son como conejos. Coges un par, aprendes a manejarlas, y muy pronto ya tienes una docena. Un periodista coge una docena de ideas, y, en una semana, con un poco de suerte le quedan dos.
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El periodismo y la teología tienen algo en común: ambas son ramas de la ciencia ficción.
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Todo comienza con una idea; excepto en una tertulia periodística.
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Las ideas cambian la vida. Los periodistas cambian de técnicas mafiosas.
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Las redes sociales fueron diseñadas para compartir lo que estás haciendo y quién eres, no para ser y convertirte en lo que estás haciendo.
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La gente es muy crédula. Creen en los «realities» y en los periodistas.
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¿Cuál es mi excusa para ser tan enormemente ignorante? Solo me informo gracias a los media.
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Mentir y sostener la mentira. La moderna forma de tiranía estructurada por los medios de comunicación.
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«En épocas de bancarrota intelectual, lo que se emite en vez de la moneda ilustrativa es el papel moneda del tópico», Karl Kraus.
«Es fácil morir por una patria en la que no se puede vivir», Karl Kraus.
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«Tengo un presentimiento sobre los Estados Unidos de la época de mis hijos o nietos; cuando Estados Unidos sea una economía de servicios e información; cuando casi todas las industrias se hayan trasladado a otros países; cuando los asombrosos poderes tecnológicos estén en manos de muy pocos, y nadie que represente el interés público pueda siquiera comprender los problemas; cuando la gente haya perdido la capacidad de establecer sus propia autonomía intelectual o cuestionar con conocimiento de causa a las autoridades; cuando, aferrándonos a nuestras bolas de cristal y consultando nerviosamente nuestros horóscopos, con nuestras facultades críticas en declive, seamos incapaces de distinguir entre lo que nos hace sentir bien y lo que es verdad, y nos deslicemos, casi sin darnos cuenta, de vuelta hacia la superstición y la oscuridad…
Y ese empobrecimiento de lo estadounidense se evidencia más claramente en la lenta decadencia del contenido de los medios de comunicación, medios enormemente influyentes, distribuyendo fragmentos de información de 30 segundos (ahora reducidos a 10 segundos o menos), y una programación con el mínimo común denominador, y el pueblo (o populacho) crédulo en las distintas pseudociencias, amante de las quimeras, un pueblo cuya esencia será una especie de celebración de la ignorancia», Carl Sagan, «El mundo y sus demonios», pág. 60, Crítica. Carl Sagan, científico, divulgador y profeta mosaico.
«Me gusta el espíritu científico: la espera, la seguridad sin llegar a la certeza, la disposición a renunciar a las ideas cuando la evidencia las contradice: esto, en última instancia, es positivo; siempre mantiene abierta la puerta al futuro; siempre da vida, vida al pensamiento, vida al afecto, al hombre entero, esa magna oportunidad de volver a intentarlo después de un error, después de una suposición errónea», Walt Whitman.
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Buenos días. “Saber que tienes algo bueno que leer antes de dormir es una de las sensaciones más placenteras de la vida”, Nabokov.
