
“Fundar bibliotecas es como construir más graneros públicos, como acumular reservas para luchar contra un invierno espiritual , invierno que, a mi pesar, muchas señales me indican que está cada vez más próximo”, Marguerite Yourcenar.
Aceptar la civilización actual significa prácticamente aceptar la decadencia. Se grangena el lenguaje, lo compuesto se descompone, los capullos solo se abren para pudrirse, el arte no es veraz, la incultura inmensa, los piojos consumen la hierba, el óxido consume el pan, la hipocresía el alma. La hiedra trepa por salones y bibliotecas.
Hay un viejo adagio, traducido del copto antiguo, que contiene toda la sabiduría de los siglos: «La vida es vida y la diversión es diversión, pero todo es tan tranquilo cuando mueren los peces de colores». Susurran juncos en la quietud del páramo. Planean pájaros silvestres. El espíritu de la putrefacción revolotea con alas negras.
Abedules marchitos en el viento otoñal. Aparición de la noche; sapos se zambullen en aguas turbias. Recordemos siempre a Shakespeare, Ricardo II: “Woe, destruction, ruin, and decay; the worst is death and death will have his day».
Miro la realidad: una fealdad cetrina, desfigurada y desgastada, que no es capaz de avivar la concupiscencia, sino que todo lo transforma en una impotencia; un inelegante, desequilibrado vacío. La vida falsa y peligrosa, la vida del engaño y el agotamiento nato, el cero, el vacío, la pared, la nada.
No tengo muchos motivos para amar este rincón de la tierra, esta España de estúpidos, corruptos y analfabetos. La aborrezco. «Constato, más cada día, que el mundo de ayer, el mundo de aún hace poco, se hunde. No sé si en lo futuro -tras esta Edad Media- vendrá un tiempo más rico y de fulgor; supongo, pero ahorita todo es más feo, más agraz, más áspero, más sórdido. Un tiempo de vulgaridad e ignorancia. No lo entiendo, no me gusta. Nuestros templos caen y nuestras letras con ellos. La grisalla es atroz. La oclocracia, detestable. Hace ya años que vivo refugiado, huyendo. Pronto no habrá nada o casi nada». Villena, fragmento del Postfacio a su poemario «Lujurias y apocalipsis», Visor.
Nos salva la poesía en mitad de tanta inmundancia:
«… mas perdidos
en el bellísimo paisaje de tus libros,
elige la más noble
edición que poseas de ‘Treasure Island’.
Y mientras populacho y soldadesca
con fin de igual vileza se acuchillan,
tú lee sereno, escucha a Rubinstein
interpretando a Chopin. Acaricia
la frente de tu perro.
Y en la alta noche
encamina tus pasos hacia el sueño»
José María Álvarez, «Wuthering Heights».
***
Buenos días. “Se vogliamo conoscere il senso dell’esistenza, dobbiamo aprire un libro: là in fondo, nell’angolo più oscuro del capitolo, c’è una frase scritta apposta per noi”, Pietro Citati, «“Si deseamos conocer el sentido de la existencia, tenemos que abrir un libro: allí, al fondo, en el rincón más oscuro del capítulo, existe una frase escrita especialmente para nosotros”.
