Je ne regrette rien 46

Igualo la decadencia de mi mente con el ocaso del mundo. Soy viejo. Hay entre nosotros quienes aseguran optimistas que la Sombra se retirará y la paz, el reino del Sol y la Cultura, volverán. Sin embargo, no creo que el mundo que nos rodea vuelva a ser como antes, ni que la luz del Sol vuelva a ser como antes.

El televisor pregona, publicita sus productos en habitaciones gigantescas, propaga su radiación de basura. Las redes captan nuestra atención evitándonos el goce de la belleza directa y el placer sensual ¿Nuestro pequeño y provinciano planeta? «Where oranges have been laid to rust upon the green…”, Joyce, «Donde las naranjas se dejaron oxidar sobre el verde…».

La Oscuridad, la Decadencia y la Muerte Roja ejercen un dominio ilimitado sobre todo (guerras, pobreza, infelicidad, soledad, enfermedad…) Casas vacías y calles desoladas y oscuras y sucias, los lobos alimentándose de lobos, iglesias sin techo y adolescentes llenando los manicomios ¿Brillo en los ojos? No hay más brillo que el de los ojos hundidos.

Mi corazoncito dentro de un viejo agujero de pájaro carpintero. Muchos veranos muere el cisne. Me marchito en los salones de las mañanas cariadas de mi biblioteca. Nadie grita: «¡Sí, qué gozo da vivir!».

Todo espacio bendito es a la vez hijo y nieto de la disolución;

lo acumulado se desvanece (Rilke) La sociedad alcanzó cotas tan extremas de absurdo y capas tan profundas de depravación, que ya no puedo distinguir con precisión entre la verdad y la sátira, entre la salud y la locura.

La sociedad en la que vivo, utilitarista y vulgar, no aprecia aquello que me deslumbra. Recluido en mi casona gallega de Fontenay, sustituyo verduras por artificios (joyas, cuadros, perfumes, flores, libros) Escribo. «La obra que no es rechazada por los imbéciles, y que se contenta con suscitar el auténtico entusiasmo de unos pocos, el autor de su obra, por eso mismo, junto a los ojos de los iniciados, no puede menos que despreciar esa mayoría de libros contaminados, banales, casi repulsivos». Yo, tras mis libros, y como Huysmans, «il ne reste plus à l’auteur qu’à choisir entre la bouche d’un pistolet ou les pieds de la croix». En fin, que hago hondamente mías las palabras de Des Essientes:

«(…) cuando un hombre de talento se ve obligado a vivir en una época prosaica y estúpida, el artista, incluso sin darse cuenta de ello, se siente atraído y obsesionado por la nostalgia de otras épocas. (…) Evoca recuerdos de seres y de cosas que no ha conocido personalmente, y llega un momento en el que se evade violentamente de la cárcel de su siglo y vaga, con toda libertad, por otra época con la cual, como última ilusión, le parece que hubiera encontrado una mayor armonía».

Adiós y buena suerte.

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