
En el fondo, si bien se piensa, no importa cuánto tiempo pases en la tierra (mejor «qualitas» que «quantitas»), cuánto dinero hayas acumulado o atesorado, ni cuánta atención hayas recibido. Lo que importa es irradiar el brillante milagro de vivir lúcido, con los ojos abiertos.
No existe un único significado cósmico, una regla universal para todos; al haber una pluralidad de fines, solo existe el sentido que cada uno le da a su vida, un sentido individual, un engranaje individual, como una novela individual, como un poema o libro para cada uno.
En mi caso, el sentido lo hallé LEYENDO Y ESCRIBIENDO.
Leer fomentó mi imaginación, agudizó mi empatía, incrementó mi capacidad de análisis y argumentación, solidificó mi memoria y concentración, me permitió procesar la información (o meramente informarme) con más eficacia, desarrolló mi personalidad.
Escribir me facilitó comunicarme y desarrollar mis ideas o expresar mis sentimientos, favoreció mi autoexploración e introspección, y fue una necesidad grabada a fuego dentro de mí. No me concibo a mí mismo sin la funesta manía de escribir.
***
Todos mis libros se cobijan bajo la égida de mamá.
Para ella la dedicatoria que agrupa toda la pentalogía:
En memoria de
María Ángeles Gómez Carballo
(9-1-1943 / 26-6-2024)
sin quien yo no hubiera amado nada
no hubiera querido nada
no hubiera entendido nada,
sin quien yo no hubiese sido nada,
y mucho menos un escritor.
"Verus amor, nullum novit haber modum"
